El Departamento de Estado de Estados Unidos devolvió esta semana las cartas diplomáticas que México había enviado solicitando la revisión de los operativos migratorios de ICE vinculados a la muerte de connacionales, según confirmó un comunicado breve de la Oficina de Asuntus del Hemisferio Occidental. El funcionario estadounidense a cargo, en una reunión el 16 de julio con el embajador mexicano Roberto Lazzeri Montaño, le pidió a México canalizar sus preocupaciones “a través de los canales diplomáticos habituales” —una forma protocolar de rechazar el formato específico en que México había planteado el reclamo, sin rechazar necesariamente el fondo del tema.
El gesto llega apenas días después de que el gobierno mexicano anunciara que buscaría formalmente cargos penales por la muerte de mexicanos en custodia u operativos de ICE, una cifra que subió de 17 a 18 en la última semana. El propio embajador Lazzeri sostuvo una reunión separada con el director interino de ICE, David Venturella, y con el subdirector Charles Wall, en la que —según su versión— se abordaron directamente los casos de los connacionales fallecidos y el objetivo declarado de “fortalecer la protección” de los mexicanos en Estados Unidos. Es decir: mientras el canal formal de cartas diplomáticas se cerró, el canal de reuniones directas entre funcionarios de ambos países sigue activo.
Esa combinación —rechazo protocolar en público, diálogo directo en privado— es una lectura diplomática habitual, pero vale la pena explicar por qué importa aquí específicamente: devolver una carta no es un gesto neutral, es una señal deliberada de que Washington no acepta el formato en que México documentó su reclamo, posiblemente porque ese formato incluía lenguaje o solicitudes que Estados Unidos considera una injerencia en su proceso legal interno. Al mismo tiempo, la reunión con Venturella sugiere que la presión de México sí está generando algún tipo de respuesta operativa, aunque no en los términos que Ciudad de México pedía originalmente.
Por qué esto importa para millones de familias mexicanas en Estados Unidos: el mensaje de fondo es que la vía diplomática formal —cartas, notas de protesta, quejas ante organismos internacionales— tiene un techo claro en esta relación bilateral, incluso cuando el número de muertes documentadas sigue subiendo. La estrategia de México, después de este rechazo, probablemente va a depender más de las reuniones operativas directas con agencias como ICE que de la presión diplomática pública, algo que reduce la visibilidad del reclamo pero no necesariamente su efectividad —el próximo indicador real será si esas conversaciones directas se traducen en algún cambio de protocolo dentro de ICE, no en si México consigue una disculpa formal de Washington.