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La Oficina del Médico Forense del condado Harris clasificó oficialmente como homicidio la muerte de Lorenzo Salgado Araujo, el mexicano de 52 años que un agente de ICE mató a tiros el martes en el East End de Houston, con causa de muerte por herida de bala penetrante en el torso. La clasificación llega el mismo día en que un nuevo video de vigilancia, obtenido por la cadena local KPRC 2, ofrece la mirada más clara hasta ahora de los minutos previos al disparo, y esa mirada contradice de manera directa la versión que el Departamento de Seguridad Nacional ha sostenido desde el primer momento.

La agencia federal afirmó que Salgado Araujo ignoró órdenes verbales, embistió un vehículo de ICE y trató de atropellar a un agente, quien disparó “en defensa propia”. El nuevo material muestra otra secuencia: dos camionetas negras sin marcas visibles persiguiendo la furgoneta blanca de Salgado Araujo, una de ellas circulando por el lado contrario de la vía en una zona de construcción para cortarle el paso, antes de que los agentes se acercaran por el costado del vehículo. Ninguna de las grabaciones disponibles hasta ahora muestra a la furgoneta embistiendo a ningún vehículo de ICE, y videos adicionales revisados por analistas independientes no muestran daño alguno en la camioneta que la agencia asegura fue embestida. Un exagente del Servicio Secreto contratado por KPRC 2 para analizar el metraje fue cauto: dijo que la calidad de las imágenes no permite determinar con certeza si el uso de la fuerza letal estuvo justificado, pero confirmó que uno de los videos muestra a la camioneta de ICE haciendo una maniobra agresiva para interceptar a Salgado Araujo, no al revés.

El caso se complica todavía más con una revelación de The New York Times: según dos personas con conocimiento directo del operativo, Salgado Araujo no era el objetivo. Los agentes buscaban a dos ciudadanos de Guatemala, y ninguno de ellos iba en la furgoneta. Un vocero del DHS lo confirmó públicamente por primera vez este viernes. Los tres hombres que iban con Salgado Araujo cuando lo mataron —incluido su propio hermano— dieron a su abogado, Hugo Balderas-Ibarra, una versión consistente y radicalmente distinta: aseguran que nunca hubo ningún agente frente a la furgoneta, que los disparos llegaron desde los costados sin ninguna advertencia previa, y que es “imposible” que Salgado Araujo intentara atropellar a nadie porque no había ningún oficial en su trayectoria.

Esos tres testigos, sin embargo, están hoy bajo custodia de inmigración, y organizaciones como LULAC denuncian que están siendo presionados para firmar salidas voluntarias del país, lo que los eliminaría como testigos antes de que cualquier investigación independiente pueda tomarles declaración formal. Ningún agente involucrado portaba cámara corporal, según reconoció el propio DHS, y cuatro congresistas demócratas de Houston ya exigieron por escrito que se preserve y publique toda la evidencia disponible del operativo.

Este patrón —una versión oficial de “defensa propia” que después no resiste el contraste con el video— no es nuevo: se repite casi punto por punto con los casos de Renee Good en Minneapolis y Marimar Martínez en Chicago, donde el material grabado terminó por desmentir las versiones iniciales de las autoridades. Para la comunidad mexicana e hispana de Houston, cada nuevo dato que emerge en este caso no solo agrava la tragedia de una familia que perdió a su padre camino al trabajo: refuerza la sensación, cada vez más documentada, de que la primera explicación oficial de ICE tras un tiroteo mortal no siempre coincide con lo que realmente ocurrió.