Desde el 1 de enero de 2026 rige en Estados Unidos un impuesto del 1% sobre las remesas internacionales pagadas en efectivo, giro postal o cheque de caja, establecido bajo el código IRC 4475. El responsable de pagarlo es quien envía el dinero, y los proveedores de remesas —las casas de envío, no los bancos— están obligados a cobrarlo en el momento de la transacción y reportarlo trimestralmente al IRS. Para los millones de mexicanos que viven en Estados Unidos y envían dinero a sus familias de forma regular, este 1% no es un gesto simbólico: según cifras de BBVA Research, México recibió 62,500 millones de dólares en remesas durante 2024, equivalentes al 3.5% de su PIB, y la proyección con el nuevo impuesto es una pérdida anual superior a 1,500 millones de dólares para los propios migrantes, que podría acumularse hasta 3,000 millones entre 2026 y 2034.
La buena noticia, y la razón por la que este impuesto merece explicarse con detalle en vez de solo mencionarse, es que existe una forma directa y completamente legal de evitarlo: cualquier transferencia realizada desde una cuenta bancaria, o con tarjeta de débito o crédito, queda exenta del 1%, sin importar el monto enviado ni el proveedor que se use. La distinción no es cosmética —es el método de pago, no el destino del dinero, lo que activa o exime el impuesto. Para quienes no tienen cuenta bancaria en Estados Unidos, el propio gobierno mexicano lanzó la tarjeta Finabien, diseñada específicamente para que los envíos se procesen como transferencia bancaria y así queden exentos, disponible a través de canales oficiales del gobierno de México.
Más allá de Finabien, otras plataformas también evitan el cobro del 1% cuando se usan con cuenta o tarjeta: Wise aplica el tipo de cambio interbancario real sin margen oculto, más una comisión de entre 0.4% y 0.7% —enviar 500 dólares cuesta entre 3 y 7 dólares en total—; Xoom cobra entre 0 y 4.99 dólares con entrega en aproximadamente un día hábil y opción de retiro en efectivo en México; y las versiones digitales de Western Union y MoneyGram cobran entre 0 y 5 dólares, con promociones frecuentes para nuevos usuarios y amplia red de puntos de retiro. El factor que más varía entre estas plataformas no es la comisión que se anuncia, sino el margen que cada una aplica al tipo de cambio —una app sin comisión visible puede terminar entregando menos dinero que otra que sí cobra una comisión explícita, así que lo que realmente hay que comparar es el monto final que recibe la persona en México, no el gancho publicitario inicial.
Por qué esto importa incluso en medio de un clima migratorio adverso: pese al nuevo impuesto y pese a las políticas de fiscalización migratoria más agresivas de este año, las remesas de Estados Unidos a México en realidad subieron 2.8% entre enero y mayo de 2026, alcanzando 25,287 millones de dólares según el Banco de México —frente a 24,588 millones en el mismo periodo de 2025. Esa cifra confirma algo que las políticas migratorias no han logrado cambiar: el envío de dinero a la familia sigue siendo, para la enorme mayoría de la diáspora mexicana, una prioridad que se sostiene pase lo que pase con el contexto político, aunque cada vez exige más atención a la letra pequeña de cómo se envía ese dinero, no solo cuánto.