[[REEMPLAZAR-IMAGEN: foto genérica del Capitolio de EE.UU. o de una boleta electoral de Maine — buscar imagen libre de derechos]]

Graham Platner, el candidato demócrata que hace apenas unas semanas parecía tener una oportunidad real de arrebatarle el escaño al Senado a la republicana Susan Collins, anunció el miércoles por la noche que suspendía su campaña en Maine. La decisión llegó después de que una segunda mujer lo acusara de comportamiento violento, sumándose a una acusación previa, reportada por CNN y Politico, de que la violó en 2021 mientras mantenían una relación informal —una acusación que Platner niega categóricamente, calificándola de falsa.

El desenlace fue rápido una vez que la presión política se volvió insostenible. El líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, advirtió sin rodeos que el partido nacional “no invertirá en la contienda del Senado de Maine si Platner permanece en la boleta”. El propio senador Bernie Sanders, uno de los apoyos más influyentes de Platner desde que lanzó su candidatura como outsider progresista, le recomendó directamente que se retirara. Otros aliados clave —Elizabeth Warren, Ro Khanna, Ruben Gallego— retiraron su respaldo en cuestión de horas. En su video de despedida de once minutos, Platner insistió en que las acusaciones eran parte de una campaña del “establishment” demócrata para frenar su movimiento, pero reconoció que “para que el movimiento continúe”, no podía ser él quien lo liderara.

El timing no fue casualidad: Platner enfrentaba el plazo del 13 de julio, fecha límite legal en Maine para que un candidato se retire de la boleta antes de las elecciones generales de noviembre. Retirarse justo antes de esa fecha, en lugar de después, le da al Partido Demócrata de Maine una ventana —aunque extremadamente ajustada— para elegir un reemplazo antes de su propio plazo del 27 de julio, mediante una convención de nominación cuyo formato exacto todavía no se ha definido.

Esta contienda no es una más: Maine es una de las piezas que los demócratas necesitan para recuperar el control del Senado, que requiere ganar cuatro escaños en manos republicanas además de retener los propios. Collins busca su sexto mandato consecutivo en un estado donde Kamala Harris ganó por siete puntos porcentuales en 2024, lo que convertía a Platner —pese a sus escándalos previos, incluido un tatuaje con simbología nazi que se hizo cubrir— en una de las apuestas más prometedoras del partido para este ciclo. Entre los nombres que ya suenan para reemplazarlo están la gobernadora Janet Mills, la secretaria de Estado Shenna Bellows, el exdirector de los CDC de Maine Nirav Shah, y el exlíder del Senado estatal Troy Jackson, respaldado por sectores progresistas cercanos a Sanders.

Para los votantes de Maine, y para cualquiera que siga de cerca el equilibrio de poder en el Congreso, este episodio deja una lección incómoda sobre los tiempos de la política electoral: un partido puede pasar meses construyendo una candidatura alrededor de una figura, solo para verse obligado a improvisar un reemplazo en menos de tres semanas, en una de las contiendas más decisivas del país, por acusaciones que ninguna investigación formal ha resuelto todavía. La pregunta que queda abierta es si los demócratas lograrán encontrar, en ese plazo tan comprimido, un candidato capaz de mantener vivo el mismo entusiasmo que Platner había generado, sin cargar con el mismo riesgo que terminó hundiendo su campaña.