El índice de precios al consumidor (CPI) cayó 0.4% en junio respecto a mayo, la mayor caída mensual desde abril de 2020, llevando la inflación anual a 3.5% —muy por debajo del 3.8% que esperaban los economistas y una baja notable frente al 4.2% de mayo, según reportó la Oficina de Estadísticas Laborales. La inflación núcleo, que excluye alimentos y energía por su volatilidad, se mantuvo sin cambios en el mes y bajó a 2.6% anual, también por debajo de lo previsto. Buena parte de la explicación es un solo factor: el índice de energía se desplomó 5.7% en junio, con la gasolina cayendo 9.7%, la baja mensual más pronunciada desde mayo de 2020.

Es importante leer ese alivio con el contexto correcto: la propia razón por la que los precios de la energía habían subido tanto en los meses anteriores —la guerra entre Estados Unidos e Irán— es la misma que ahora amenaza con revertir la mejora. Heather Long, economista en jefe de Navy Federal Credit Union, lo resumió con claridad: la reactivación de la guerra con Irán casi con certeza volverá a empujar la inflación al alza, y el alivio de este reporte podría ser breve. De hecho, el propio mes de julio ya registra un repunte en los precios del petróleo por los ataques renovados en el Golfo, lo que sugiere que el respiro de junio no necesariamente se repetirá en el próximo reporte.

Más allá del titular de la gasolina, el desglose por categoría es lo que de verdad afecta el presupuesto semanal de una familia hispana promedio: los precios de la carne de res subieron cerca de 14% en el último año por una escasez histórica de ganado, y los precios del tomate subieron 20% interanual —impulsados en parte por los aranceles y el clima adverso—, aunque han comenzado a bajar recientemente. Los precios de alimentos en general subieron 0.2% en el mes, con la lechuga y el pescado entre los principales impulsores. Es decir: aunque el número general bajó, la canasta básica de alimentos que más pesa en los hogares de ingresos medios y bajos no reflejó ese mismo alivio de forma pareja.

Por qué esto importa para las decisiones de la Reserva Federal, y por extensión para cada familia con deuda: el reporte le da a la Fed margen para mantener las tasas sin cambios en su reunión de julio, algo que analistas como Ellen Zentner, de Morgan Stanley, interpretan como una oportunidad para que el banco central reúna más datos durante el verano antes de decidir. Pero, según el CME FedWatch Tool, los mercados siguen viendo cerca de un 77% de probabilidad de al menos una subida de tasas antes de que termine el año —es decir, un solo reporte favorable de inflación no ha cambiado la trayectoria de fondo, solo ha comprado tiempo.