Visa presentó esta semana el Visa Stablecoin Platform (VSP), una infraestructura que permitirá a bancos, empresas de tecnología financiera y firmas de criptomonedas acuñar, mover y gestionar sus propias monedas estables a través de un entorno administrado directamente por Visa, con alcance potencial sobre más de 200 millones de comercios que ya aceptan pagos de la red. A diferencia de Open USD —la stablecoin conjunta de 140 empresas, entre ellas la propia Visa, Mastercard y Stripe, que reportamos hace unos días— el VSP no es una moneda nueva en sí misma, sino la tubería técnica que permitiría a terceros lanzar y operar sus propias stablecoins usando la red de aceptación de Visa como base.
La distinción importa porque revela una estrategia de dos frentes por parte de las grandes redes de pago: mientras Open USD busca competir directamente con USDC y USDT como una moneda de uso general, el VSP apunta a algo distinto —convertirse en la infraestructura sobre la que otros construyan, cobrando por el servicio en vez de competir como emisor. Es, en cierto sentido, la misma jugada que Visa y Mastercard llevan décadas haciendo con las tarjetas de crédito: no compiten por ser el banco, compiten por ser la red que conecta a todos los bancos entre sí.
Por qué esto importa más allá del anuncio corporativo: cada nueva pieza de infraestructura que las grandes redes de pago construyen alrededor de las stablecoins reduce, con el tiempo, la fricción y el costo de mover dólares digitales entre países —que es exactamente el problema que hoy resuelve el USDT para millones de personas en Venezuela, México y el resto de Latinoamérica, pero de forma menos regulada y sin el respaldo institucional de una red como Visa. Si el VSP logra que más fintechs latinoamericanas emitan stablecoins propias sobre esa infraestructura, el efecto de mediano plazo podría ser más competencia real en el mercado de remesas digitales, con jugadores regulados entrando a un espacio que hoy domina casi por completo Tether.
Lo que todavía no está claro es la velocidad de esa transición. Tanto Open USD como el VSP son, por ahora, anuncios de infraestructura y alianzas —ninguno de los dos tiene todavía el volumen de uso diario que sostiene hoy al USDT en los mercados P2P venezolanos o mexicanos. Para la familia que hoy recibe una remesa por esa vía, el cambio no es inmediato; pero la dirección del mercado —cada vez más jugadores regulados construyendo infraestructura de stablecoins— sugiere que la conversación sobre cómo enviar dólares digitales a la región va a verse distinta en uno o dos años de como se ve hoy.