Una fuerte riada repentina provocó una gran tragedia este miércoles en la zona fronteriza entre el norte de Nepal y la región china del Tíbet. El violento golpe de agua, lodo y hielo arrolló varios poblados, arrasó con al menos 27 puentes, cortó caminos y destruyó importantes proyectos hidroeléctricos en cuestión de minutos, cuando el río Bhote Koshi se desbordó pasadas las nueve de la mañana, hora local.

Las autoridades reportan hasta ahora 98 muertos confirmados —95 en Nepal y tres en territorio chino—, mientras la cifra de personas en paradero desconocido asciende a 668 entre ambos países: 403 en Nepal y 265 en el Tíbet. Entre los desaparecidos figuran decenas de trabajadores de proyectos hidroeléctricos, policías, militares y un numeroso grupo de turistas y peregrinos extranjeros —más de 390 personas de al menos una decena de países, incluidos India, Estados Unidos, Reino Unido, Australia y España— que visitaban la zona en plena temporada alta.

Las primeras revisiones técnicas indican que la riada no fue causada directamente por un terremoto —aunque no se descarta un sismo menor como posible detonante—, sino por el colapso de un glaciar situado a más de 5,200 metros de altura. Un fragmento de hielo se desprendió, descendió más de 1,200 metros por la ladera de la montaña, y generó una avalancha que bloqueó momentáneamente el cauce del río Lhende. Detrás de esa presa natural se acumuló una masa de agua que terminó cediendo de golpe, elevando el nivel del río hasta nueve metros en apenas media hora, y bajando con extrema fuerza por los valles de los ríos Bhote Koshi y Trishuli. El gobierno nepalí declaró la zona en estado de desastre para movilizar catorce helicópteros —seis del Ejército y ocho operados por empresas privadas— y acelerar las labores de rescate.