Más de 17 millones de barriles de petróleo atravesaron el Estrecho de Ormuz el pasado lunes, el mayor volumen registrado desde que comenzó la guerra con Irán a finales de febrero, según aseguró el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright. Es un dato relevante porque contrasta con la percepción generalizada de que el paso marítimo permanece prácticamente bloqueado.
Cómo se está logrando ese flujo: un corredor junto a Omán
Estados Unidos ha establecido un corredor marítimo junto a la costa de Omán para facilitar el paso de los petroleros de sus aliados del Golfo, embarcaciones que en ocasiones navegan de noche para reducir el riesgo. Es una solución logística que ha permitido mantener un volumen de tránsito considerablemente mayor al que se asumía posible en las primeras semanas del conflicto.
El conflicto que persiste sobre esa misma ruta
Sin embargo, la situación dista de estar resuelta. Irán ha atacado repetidamente barcos que utilizan esa ruta, y exige que los buques comerciales empleen un corredor distinto, situado junto a sus propias aguas. Es decir, ambos países mantienen una disputa activa no solo sobre si el estrecho se abre, sino sobre por dónde exactamente deben navegar los barcos que lo cruzan, una diferencia que en la práctica determina quién controla el tránsito.
El dato que ya habían anticipado los analistas
Esta cifra confirma lo que analistas de Link Gestión venían señalando desde hace días, y que documentamos en nuestra cobertura del martes: los precios del petróleo se han mantenido “relativamente contenidos” pese a la escalada militar, y una explicación posible era precisamente que “el flujo de crudo que está atravesando el Estrecho de Ormuz estaría siendo muy superior al que inicialmente se estimaba”. El dato de Wright confirma esa hipótesis con una cifra concreta.
Por qué el petróleo sigue caro pese al flujo
Aquí está la parte que conviene entender bien: que crucen 17 millones de barriles no significa que el mercado esté normalizado. El WTI cerró el martes con un alza de 5,2% hasta 90,22 dólares por barril, su cierre más alto desde el 23 de julio, y el Brent llegó a rondar los 95 dólares. La razón es que el mercado no cotiza únicamente el volumen que efectivamente pasa, sino el riesgo de que ese flujo se interrumpa en cualquier momento, sumado a la escasez real de producto refinado que documentamos al reportar el récord histórico en precios de gasolina y diésel.
La contradicción con el discurso oficial
Este dato también ofrece un contexto útil frente a la propuesta que Trump lanzó ayer de renombrar el estrecho como “Estrecho de Trump”, argumentando que Estados Unidos lo tiene “bajo control”. Los 17 millones de barriles respaldan parcialmente esa lectura: el corredor funciona y el flujo es sustancial. Pero los ataques persistentes de Irán a los buques que usan esa ruta, y su exigencia de imponer un corredor alternativo, muestran que “control” sigue siendo una descripción generosa de una situación que, en la práctica, sigue siendo disputada barco por barco.
Para los consumidores estadounidenses, la conclusión práctica es que el flujo de crudo mejoró de forma medible, pero eso todavía no se ha traducido en alivio en el surtidor: el precio de la gasolina se mantiene por encima de los 4 dólares por galón, y el Departamento de Energía proyecta que seguirá en ese nivel durante todo el trimestre.
