Los mercados financieros ya descuentan, con bastante convicción, que la Reserva Federal subirá las tasas de interés en su próxima reunión. Según el indicador FedWatch de CME, los inversores asignan actualmente una probabilidad cercana al 68% a que el Comité Federal de Mercado Abierto eleve los tipos hasta una horquilla de entre 3,75% y 4% durante el encuentro del 15 y 16 de septiembre, con el objetivo de contener la inflación. Analistas de Monex ubican esa probabilidad incluso más alta, cerca del 70%.

El cambio de expectativa ocurrió en cuestión de días

Vale la pena dimensionar la velocidad de este giro. Hace apenas una semana, tras el discurso de Kevin Warsh en Jackson Hole que documentamos el viernes, el mercado asignaba solo un 34% de probabilidad a un alza en septiembre. Es decir, esa expectativa se duplicó en cinco días. El detonante fue la combinación de dos factores que hemos venido cubriendo: la reanudación de los ataques entre Estados Unidos e Irán, que disparó el petróleo, y la persistencia de la inflación por encima de la meta del banco central.

Qué significa una tasa de 3,75%-4% en términos prácticos

Si la Fed efectivamente sube las tasas a ese rango, el efecto se traslada de forma directa al costo del crédito para los consumidores. Las tasas hipotecarias, que ya se encuentran elevadas, subirían todavía más; las tarjetas de crédito, cuyas tasas variables se ajustan casi de inmediato tras cada movimiento de la Fed, encarecerían el saldo pendiente de millones de hogares; y los préstamos para vehículos y para pequeñas empresas seguirían el mismo camino.

La contradicción que enfrenta la Fed esta semana

Aquí está el problema real que tiene el banco central sobre la mesa. Por un lado, la inflación sigue presionada por la energía: el petróleo WTI cerró el martes con un alza de 5,2% hasta 90,22 dólares por barril, su cierre más alto desde el 23 de julio. Por otro lado, el mercado laboral empieza a mostrar señales concretas de enfriamiento: documentamos ayer que el reporte de ADP arrojó apenas 38,000 empleos privados creados en agosto, el menor aumento desde enero, por debajo de los 47,000 previstos.

Subir tasas para contener la inflación golpearía todavía más a un mercado laboral que ya se desacelera. No subirlas dejaría correr una inflación alimentada por un choque energético que no da señales de resolverse. Es exactamente la tensión que Warsh describió como una “buena pelea familiar” dentro de la propia Fed.

El dato que puede cambiarlo todo llega el viernes

El consenso anticipa 55,000 nuevos puestos en el informe oficial de empleo de agosto, que se publica este viernes, después de la caída de 23,000 registrada en julio. Es el último dato duro relevante antes de la reunión del 15 y 16 de septiembre, y por eso su peso es desproporcionado: si el reporte confirma la debilidad que ya mostró el ADP, esa probabilidad de 68% podría moderarse rápidamente; si sorprende al alza, prácticamente sellaría el alza de tasas.

Un detalle salarial que revela cómo está el mercado laboral

El reporte de ADP incluyó un dato que ayuda a entender la dinámica real del empleo: los trabajadores que cambiaron de empleo obtuvieron aumentos salariales de 7,3% frente a un año antes, mientras quienes permanecieron en sus puestos recibieron apenas 4,4%. Es una brecha que suele indicar un mercado donde todavía hay demanda por talento específico, pero donde la mayoría de los trabajadores no está capturando ese beneficio si no se mueve de empleo.

Educación y salud lideraron las contrataciones en agosto, seguidas por ocio, hotelería y construcción, mientras que las nóminas manufactureras cayeron, un sector particularmente sensible tanto al costo de la energía como a las tasas de interés.

Para las familias que evalúan una hipoteca, refinanciar una deuda o comprar un vehículo en los próximos meses, la reunión del 15 y 16 de septiembre se ha convertido en la fecha más importante del calendario económico de este trimestre, tal como venimos anticipando en nuestro calendario económico semanal.