El monto robado a través de un fallo de seguridad en el hardware wallet Coldcard ya supera los 88 millones de dólares, según reportó CoinDesk, en un ataque que entra este lunes en su quinto día consecutivo. El exploit afectó la generación de semillas —las claves criptográficas que protegen el acceso a los fondos— en ciertos modelos del dispositivo, considerado hasta ahora uno de los más confiables del mercado para almacenar criptomonedas fuera de línea, lejos del alcance de hackers que operan por internet.

Galaxy Research, firma especializada en análisis on-chain, identificó una tercera ola de movimientos sospechosos vinculada a este mismo fallo: el atacante ahora apunta a billeteras con saldos más pequeños, cambiando además la forma en que recolecta los fondos robados para dificultar el rastreo. Según analistas citados por CoinDesk, la caída en el precio de bitcoin y ether de los últimos días parece más ligada a una debilidad estructural del mercado —con salidas netas en los ETF y el interés abierto en CME de vuelta a niveles de 2023— que a una venta de pánico provocada directamente por este robo, aunque el episodio sí erosiona la confianza en el almacenamiento en frío como método de seguridad “definitivo”.

El caso reabre un debate de fondo en la industria cripto: la custodia fría —guardar las claves privadas en un dispositivo físico desconectado de internet— se promociona desde hace años como el estándar más seguro frente al robo de exchanges o billeteras conectadas (“hot wallets”). Un fallo en la generación de claves de fábrica, como el que afecta a Coldcard, demuestra que ese estándar no es infalible si el problema está en el propio hardware.

Por qué esto importa: para cualquier persona que tenga o esté considerando invertir en criptomonedas —cada vez más común entre la comunidad hispana como forma de enviar remesas o protegerse de la devaluación en países como Venezuela o Cuba—, este caso es un recordatorio de que ningún método de almacenamiento es garantía absoluta, y que vale la pena verificar directamente con el fabricante si un dispositivo específico está entre los modelos afectados antes de asumir que los fondos están a salvo solo por estar “fuera de línea”.