El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) detuvo a un número récord de 39,563 inmigrantes durante junio, la cifra mensual más alta de detenciones desde que comenzó el segundo mandato del presidente Trump, según datos que la propia agencia dio a conocer con retraso. Actualmente hay más de 65,000 personas bajo custodia de ICE, un aumento del 9% desde abril, de acuerdo con los nuevos datos publicados el lunes pasado.

El retraso en la publicación de estas cifras no es un detalle menor: el Congreso exige a ICE por ley que reporte estos datos dos veces al mes, pero esta fue la primera vez desde abril que la agencia dio a conocer el número de personas detenidas. Un portavoz del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) atribuyó el atraso al cierre de gobierno por falta de financiamiento que concluyó a principios de junio, aunque la administración también responsabilizó directamente a los demócratas por ese cierre. El resultado práctico es que, durante casi dos meses, el público y el Congreso operaron sin visibilidad actualizada sobre el ritmo real de las detenciones migratorias.

El aumento en las cifras llega en un contexto de escrutinio creciente sobre los métodos de la agencia: la ACLU documentó más de 400 denuncias de presuntas irregularidades en operativos migratorios de ICE, y este mismo verano el país ha visto una sucesión de incidentes de alto perfil —los tiroteos mortales de Lorenzo Salgado Araujo en Houston y de Joan Sebastián Durán Guerrero en Maine, ambos ocurridos durante controles de tráfico que se habían convertido en herramienta central para que los agentes cumplieran el objetivo de la administración de realizar cerca de 2,000 detenciones diarias.

Por qué esto importa más allá de la cifra en sí: el salto a 39,563 detenciones mensuales confirma que la ofensiva migratoria no se ha desacelerado pese a la atención mediática y política que generaron los tiroteos de este verano —de hecho, ocurre en el mismo mes en que esos incidentes ya habían comenzado a generar presión pública sobre la agencia. Para las familias hispanas en Estados Unidos, el dato relevante no es solo la cifra total, sino la tendencia que confirma: la capacidad operativa de ICE sigue creciendo mes a mes, incluso mientras persisten sin resolver las mismas preguntas sobre supervisión, entrenamiento y rendición de cuentas que los incidentes de este verano dejaron abiertas.