El Índice de Confianza del Consumidor del Conference Board cayó 0.8 puntos hasta 89.4 en agosto, frente a 90.2 en julio, según el comunicado oficial publicado hoy por la organización. Es la segunda caída mensual consecutiva del indicador, aunque el desglose interno revela una historia más matizada que un simple deterioro generalizado.
Dos indicadores que se mueven en direcciones opuestas
Lo más revelador del reporte de agosto es la divergencia entre sus dos componentes principales. El Índice de Situación Actual —basado en la evaluación de los consumidores sobre las condiciones actuales de negocios y del mercado laboral— subió 6.8 puntos hasta 121.2, revirtiendo tres meses consecutivos de declive. Pero el Índice de Expectativas —el termómetro del optimismo de los consumidores sobre ingresos, negocios y empleo en el corto plazo— se hundió 5.8 puntos hasta 68.2, profundizando su terreno negativo. “El Índice de Expectativas cayó todavía más en territorio negativo, lo que fue compensado por un repunte moderado del Índice de Situación Actual tras sus declives de los últimos tres meses”, explicó Dana M. Peterson, economista en jefe del Conference Board.
Un patrón que se repite en distintas encuestas del mismo mes
Este resultado llega apenas horas después de que documentáramos la fuerte caída del Índice de Sentimiento del Consumidor de la Universidad de Michigan, que retrocedió cerca de 8% en agosto, con sus propias expectativas de negocios desplomándose 11% a corto plazo y 17% a largo plazo. Aunque ambas encuestas miden cosas ligeramente distintas —y no siempre coinciden exactamente mes a mes—, la coincidencia de que las dos midan un deterioro concentrado específicamente en las expectativas futuras, más que en la percepción actual, refuerza la misma lectura: los consumidores estadounidenses se sienten razonablemente bien hoy, pero cada vez más inquietos sobre lo que viene.
El período de la encuesta, y qué no capturó todavía
El período de recolección de los resultados preliminares de este mes fue del 3 al 16 de agosto, lo que significa que la encuesta no alcanzó a capturar plenamente el anuncio del “Día D económico” contra Irán que documentamos ayer, ni la escalada arancelaria con Canadá que también cubrimos esta semana. Es posible, por tanto, que la próxima lectura de septiembre refleje con mayor claridad el impacto de estos dos frentes que se abrieron después del cierre de este sondeo.
Por qué esto importa para la comunidad hispana en Estados Unidos: que dos encuestas distintas de confianza del consumidor coincidan en agosto en un deterioro concentrado en las expectativas —no en la situación actual— sugiere que las familias estadounidenses, incluidas las hispanas, están anticipando dificultades económicas antes de que necesariamente se materialicen en sus finanzas del día a día. Es precisamente ese tipo de anticipación la que suele traducirse, semanas después, en menos gasto discrecional real, un ajuste que las familias hispanas —con menor margen de ahorro promedio que el resto de la población— suelen sentir primero y con mayor intensidad.
