Los fondos cotizados (ETF) de Bitcoin al contado registraron una salida neta de 265.4 millones de dólares el 31 de julio, revirtiendo por completo la entrada de 233.1 millones de dólares del día anterior, según datos recopilados por firmas de análisis del sector. El fondo IBIT de BlackRock concentró la mayor parte de esa salida, con 122.7 millones de dólares, seguido por el FBTC de Fidelity con 54.8 millones y el GBTC de Grayscale con 52.6 millones. Bitcoin cotiza este domingo prácticamente plano, alrededor de los 63,000 dólares, con un volumen de negociación 34.5% por debajo de su promedio mensual —una señal de que al mercado le falta participación real para sostener cualquier movimiento con convicción.
El panorama mensual, sin embargo, cuenta una historia distinta a la de este único día: julio cerró con 172.4 millones de dólares en entradas netas para los ETF de Bitcoin, poniendo fin a dos meses consecutivos de salidas que en mayo y junio combinados sumaron casi 7,000 millones de dólares —con junio como el peor mes de todo 2026, con salidas cercanas a los 4,500 millones. Es decir, julio representa una recuperación real, aunque todavía frágil, después de un semestre particularmente duro para la confianza institucional en Bitcoin específicamente.
Donde el contraste se vuelve más revelador es al comparar ese comportamiento con el de Ethereum: sus ETF extendieron a cuatro semanas consecutivas de entradas netas, cerrando julio con 365.2 millones de dólares, su segundo mes positivo del año. Aun así, Ethereum sigue acumulando alrededor de 1,100 millones de dólares en salidas netas para todo 2026, lo que enmarca este repunte como una recuperación parcial, no como una reversión estructural completa. La lectura agregada de varios analistas es consistente: las instituciones, en su mayoría, dejaron de vender de forma agresiva, pero todavía no están comprando con una convicción clara ni sostenida.
Por qué esto importa más allá del vaivén diario de los fondos: la divergencia entre un Bitcoin que retrocede en flujos institucionales de corto plazo y un Ethereum que acumula un mes completo de entradas constantes es la misma señal de rotación de capital que hemos venido documentando en las últimas semanas —el dinero institucional no está huyendo del mercado cripto en su conjunto, está reasignándose de forma selectiva hacia otros activos dentro de ese mismo mercado. Para quien usa stablecoins como refugio de valor en Venezuela, México o el resto de la región, esta rotación específica entre Bitcoin y Ethereum no altera directamente esa dinámica —pero sí es la señal más confiable disponible sobre hacia dónde se inclina, semana a semana, el apetito de riesgo de los grandes inversores del sector.
