Trump inició este jueves en Texas una ofensiva de 32 días para apoyar a los candidatos republicanos en las elecciones legislativas de noviembre, según reportó ABC Color. El mandatario quiere ser la cara visible de la campaña del partido, con planes de hacer campaña en varias circunscripciones reñidas de la Cámara de Representantes y el Senado, en un momento donde algunos candidatos republicanos no tienen claro si su presencia les ayudará o les perjudicará en sus propios distritos.

La admisión inusual que hizo el propio Trump

El miércoles, en un acto en la Casa Blanca, Trump reconoció algo poco habitual en él: que no ha sabido vender bien su propio balance económico desde que regresó al cargo en enero de 2025. “Voy a salir a la palestra porque nadie lo está vendiendo. Estamos haciendo un trabajo extremadamente malo en materia de promoción, y un trabajo extremadamente bueno a la hora de dirigir el país”, declaró.

La polémica que acompaña esta campaña

El lanzamiento de esta ofensiva electoral llega en medio de cuestionamientos por el uso de dinero público en publicidad. Según la firma AdImpact, el Ejecutivo ha gastado al menos 2,5 millones de dólares en la emisión de solo tres anuncios televisivos, mientras el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) ha destinado 20 millones de dólares a esta misma iniciativa publicitaria.

La defensa de la Casa Blanca, y la del propio Trump

La Casa Blanca sostiene que estos anuncios son mensajes de servicio público y de carácter educativo, y niega que constituyan propaganda electoral. Trump defendió personalmente el gasto, argumentando que no se está promocionando a sí mismo porque no es candidato en las elecciones de noviembre, sino que está “promoviendo el país”. Incluso llegó a ofrecer pagar personalmente el dinero si se determinara que el gasto fue indebido.

La crítica que llega desde su propio partido

Aquí está el dato que le da peso real a esta historia: el líder de la mayoría republicana en el Senado, John Thune, se distanció públicamente de esta estrategia. Dijo que el mensaje de los anuncios le gusta, pero que no debería pagarse con dinero de los contribuyentes. Es una crítica que no proviene de la oposición demócrata, sino de uno de los republicanos con más peso institucional en el Congreso.

Por qué esto importa a cinco semanas de las elecciones

Esta controversia se produce en el mismo contexto que documentamos la semana pasada, cuando el modelo electoral de Nate Silver mostró a los demócratas pasando a favoritos para ganar el Senado por primera vez en la campaña, con Kansas entrando sorpresivamente en juego. Es decir, Trump arranca esta ofensiva publicitaria en un momento donde el propio mapa electoral se complica para su partido, y donde cada dólar de controversia adicional, incluso proveniente de dentro de sus propias filas, puede pesar sobre la narrativa de campaña.

El contexto económico que Trump busca “vender mejor”

Vale la pena recordar que esta campaña de promoción económica llega en medio de los datos mixtos que documentamos esta semana: un PCE subyacente que sorprendió a la baja, pero con el bono del Tesoro a 10 años alcanzando su nivel más alto desde 2002, y un petróleo que vivió ayer una de sus jornadas más volátiles del año. Es un balance económico considerablemente más complejo de “vender” de lo que la campaña publicitaria del gobierno sugiere.

Lo que sigue

Con 32 días de campaña por delante y la controversia sobre el financiamiento todavía sin resolverse, seguiremos de cerca si esta ofensiva logra el efecto que Trump busca sobre la percepción económica de los votantes, o si la propia crítica de Thune termina generando más atención sobre el origen del dinero que sobre el mensaje económico que la publicidad pretende transmitir.