Hay tradiciones que sobreviven a todo. A la caída de un gobierno, a la captura de un presidente, a un cambio de ocupante en Miraflores. Una de ellas es adelantar la Navidad.

El jueves 8 de octubre, Delcy Rodríguez anunció en la instalación de la 82.ª asamblea anual de Fedecámaras, transmitida por VTV: “Anuncio que el 1 de noviembre arranca la Navidad”. Según explicó, las fiestas activan “mucha actividad económica, pero principalmente activa la felicidad de los venezolanos”.

La felicidad, por decreto. Con dos meses de anticipación.

Un clásico de la casa

La medida no es nueva. Nicolás Maduro decretó el adelanto de la Navidad en varias ocasiones desde que llegó al poder en 2013, casi siempre en momentos de crisis. La última vez fue en 2025, en pleno despliegue militar estadounidense en el Caribe. Aquella Navidad terminó como terminó: el 3 de enero de 2026, con Maduro y Cilia Flores capturados en Caracas.

Delcy heredó el cargo, el equipo y, por lo visto, también el calendario.

Mientras tanto, en Nueva York

El mismo jueves del anuncio, la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York presentó nuevos cargos contra Maduro y Flores: conspiración para cometer torturas. La acusación describe descargas eléctricas, asfixia con bolsas plásticas, golpizas y amenazas contra familiares de detenidos, e incluye al menos tres víctimas con ciudadanía estadounidense. Ese mismo día, el juez Alvin Hellerstein negó la fianza a Cilia Flores.

En Caracas se anunciaban luces y aguinaldos. En Manhattan se leía un expediente sobre Boleíta Norte y Ramo Verde.

La economía de la alegría

El argumento económico tiene su lógica: adelantar la temporada estira el periodo de consumo. Pero la Navidad no enciende la luz en Zulia, donde hay hogares que reportan cortes de más de 12 horas continuas, ni convierte los salarios en algo que alcance para una hallaca completa.

Lo que sí logra un anuncio así es cambiar la conversación. Durante unas horas se habla del pesebre, no del expediente. Es una técnica antigua, y en Venezuela tiene más años en cartelera que cualquier gaita.

Faltan tres semanas para que arranque oficialmente la felicidad. El juicio de Maduro está fijado para el 1 de junio de 2027.