Trump subió al escenario de una convención republicana en Texas y dijo lo siguiente, palabra por palabra: “65,000 millones de barriles son nuestros. ¿Y saben lo que dicen que es? ¿Su vida útil? 500 años”. El público aplaudió. Nadie preguntó quién dice eso exactamente, ni con qué consumo diario se calculó, ni por qué la cifra suena sospechosamente redonda para ser un dato técnico real.

Hagamos la cuenta que nadie hizo en esa sala. Estados Unidos consume, según cifras oficiales, cerca de 20 millones de barriles de petróleo al día. Con 65,000 millones de barriles, eso alcanza para aproximadamente 8,9 años de consumo total del país, no 500. Para llegar a 500 años con esa misma cantidad de barriles, Estados Unidos tendría que reducir su consumo a poco más de 350,000 barriles diarios, algo así como el 1,7% de lo que consume hoy. Dicho de otra forma: la cuenta de Trump solo funciona si Estados Unidos deja de usar petróleo casi por completo, que es exactamente lo contrario de lo que implica firmar un acuerdo para conseguir más petróleo.

Lo curioso es que esta no es la primera cifra gigantesca que sale de la misma boca sobre el mismo tema. En enero, apenas días después de la captura de Maduro, Trump ya había dicho que Estados Unidos estaba “consiguiendo miles y miles de millones de dólares en petróleo, y serán billones”. Ese mismo mes, anunció que Venezuela entregaría entre 30 y 50 millones de barriles. En septiembre, la cifra saltó a 65,000 millones de barriles y “500 años”. El patrón es reconocible: cada vez que el tema vuelve a un escenario público, el número crece.

Y mientras el escenario se llena de aplausos por una cifra que no resiste una calculadora, documentamos hace unos días que el diésel tocó los 6,23 dólares por galón, su récord histórico, y que el propio gobierno de Trump evalúa ahora prohibir las exportaciones de diésel durante 90 días para intentar bajar ese precio internamente. Es decir: en el mismo país donde el petróleo venezolano supuestamente va a durar cinco siglos, el gobierno está estudiando restringir exportaciones porque no le alcanza el combustible para pasar el mes sin que el precio siga subiendo.

Tampoco ayuda que, según documentamos esta misma semana, el propio Tesoro estadounidense no puede confirmar ante el Congreso a dónde va el dinero de ese petróleo. El secretario Scott Bessent respondió con una sola palabra, “no”, cuando le preguntaron si podía garantizar que esos fondos no terminan en manos de ciudadanos estadounidenses. Así que tenemos, al mismo tiempo: una cifra de reservas que no cuadra matemáticamente, un diésel en récord histórico pese a esa supuesta abundancia, y un funcionario que no sabe, o no dice, a dónde va el dinero que ese petróleo genera.

Quinientos años es mucho tiempo. Ni Estados Unidos como país existe desde hace tanto. Pero funciona bien como cifra de convención: suena enorme, genera aplausos, y para cuando alguien haga la cuenta con una calculadora, ya se pasó a la siguiente noticia.