Resulta que Venezuela, además de ser el país de las arepas y los apagones, ahora también es la tarjeta de crédito con la que se paga una guerra en el Golfo Pérsico. Eso, al menos, es lo que dijo Donald Trump el viernes en el Despacho Oval: “Cada dólar que gastamos en Irán lo recuperamos muchas veces con lo que hicimos en Venezuela”, según el Jerusalem Post. En la versión que recogió El Nacional, la frase fue “lo hemos recuperado con creces”, y vino acompañada de otra joya: “Hemos estado allí durante siete meses y estamos gastando muy poco dinero, relativamente hablando”.

Relativamente, claro. Vamos a las cuentas, que para eso estamos.

La cifra más alta que ha dado el propio Trump sobre el petróleo venezolano es de más de 13.000 millones de dólares en ventas desde la captura de Maduro en enero. Lo dijo en julio, a bordo del Air Force One, según Oilprice, y ese día también dijo que esa plata había pagado “esa guerra muchas veces”. Ahora miren lo que dijo su propio director del Consejo Económico Nacional, Kevin Hassett, en marzo: la guerra con Irán ya había costado unos 12.000 millones de dólares, según Al Jazeera. Eso era en las dos primeras semanas, contadas desde los ataques del 28 de febrero. Desde entonces van ocho meses.

O sea, con los números de su propio gobierno, Venezuela habría alcanzado para pagar la guerra más o menos hasta mediados de marzo. “Muchas veces”, lo que se dice muchas veces, no parece.

Y aquí viene el detalle que a mí, como venezolano, me molesta más que la aritmética. Esos 13.000 millones no son una ganancia de Washington que se pueda ir gastando en misiles. Son ingresos por petróleo de Venezuela, guardados en cuentas que maneja el Tesoro de EE.UU., y que según el discurso oficial deberían servir para reconstruir el país. Oilprice recuerda que en abril un funcionario del Departamento de Estado le dijo al Congreso que unos 3.000 millones se habían usado para pagar salarios del Gobierno venezolano y la infraestructura petrolera, y que solo 386 millones han llegado como ayuda oficial por el desastre. Del resto, nadie ha rendido cuentas en público. Ya les conté en septiembre que cuando le preguntaron al secretario del Tesoro a dónde va ese dinero, respondió con un “no”.

La respuesta de Delcy Rodríguez fue tan previsible como vacía: “No hay un solo barril de petróleo que salga de este país sin que se pague”, según NTN24. Que lo diga ella, que lleva diez meses gobernando sin un voto y sin enseñarle a nadie una sola cuenta, tiene su gracia. Si se paga cada barril, la pregunta obvia es a quién y cuánto, y eso tampoco lo ha dicho.

Mientras tanto, frente a la CVG en Guayana, unos jubilados llevan más de 130 horas sin comer para que les paguen 1.200 dólares de utilidades, como les cuento en esta nota. Todos parecen saber muy bien en qué se gasta el petróleo venezolano, menos los venezolanos. ¿Alguien en Washington o en Miraflores se anima a publicar el estado de cuenta?