Ayer les conté que Marco Rubio había reconocido que Washington le pidió “hace semanas y semanas” al gobierno interino que dejara volver a María Corina Machado. Lo que no se supo hasta este martes, cuando Axios publicó el resto de esa misma llamada con periodistas, es que Rubio también le mandó un mensaje a ella. Sin nombrarla, pero sin mucha necesidad de nombrarla.

“No vas a llegar a una democracia protestando en la calle”, dijo el secretario de Estado, según la transcripción de la teleconferencia del lunes 26 que recogen The Hill y The Rio Times. Y siguió: “Si alguien intenta descarrilar ese proceso, le está haciendo un gran daño a Venezuela”. El proceso, en su descripción, es el que Washington diseñó: “La manera de hacerlo pacíficamente es a través de un proceso, y es el que nosotros montamos”. Dijo que a las autoridades interinas las juzga “no por la retórica sino por la acción”, que hasta ahora han cumplido los plazos acordados y que Estados Unidos no ha hecho “concesiones irreversibles”.

Lo más duro no lo dijo Rubio, sino una fuente de la Casa Blanca que habló con Axios sin dar su nombre. Para esa fuente, la captura de Maduro y el acuerdo petrolero son los mayores logros de política exterior de la Administración, y si ese avance se deshace porque Machado se convierte en un elemento que estorba, “nadie gana”. Esa frase no es de Rubio ni es oficial, conviene decirlo, pero es la primera vez que desde el entorno de Trump se describe a la líder opositora no como una aliada incómoda sino como un riesgo.

Ahora, pongamos la frase de la calle en su lugar. Machado no ha propuesto tumbar a nadie con marchas. Lo que hizo Vente Venezuela el 22 de octubre fue salir a pedir una fecha de elecciones, y su asesor Carlos Blanco habló este lunes de “organizar la movilización popular espontánea”, según The Rio Times. Es decir, presión desde afuera de una mesa en la que ella no tiene silla. Y Rubio responde que la única vía es esa mesa: nuevo TSJ, nuevo CNE, vacancia declarada por Delcy Rodríguez y seis meses para votar, el calendario que les expliqué esta mañana.

A mí me llama la atención la otra frase que soltó, y que según The Hill dijo casi de pasada: “En el mejor de los casos, me quedan dos años y dos meses en este cargo”. Rubio quiere ver la transición terminada mientras él esté en el Departamento de Estado, y por eso insiste en que Caracas cambie la infraestructura electoral “rápido, bajo los plazos que establecimos”. Eso, leído con buena fe, es una presión hacia Delcy. Pero también es un reloj que corre en Washington, no en Venezuela.

Hay algo que no puedo dejar de decir. Durante veinte años al venezolano le dijeron que no protestara, que esperara, que el diálogo resolvería. La calle fue, muchas veces, lo único que tuvo. Que hoy el aliado más poderoso de la oposición le diga a la mujer que ganó las primarias y que regresó por tierra después de siete intentos que la calle no sirve, cuando hace apenas cinco días Vente Venezuela denunció siete detenidos en la marcha que pedía elecciones, deja un sabor raro. Machado tiene su primera rueda de prensa este jueves 29. Ahí veremos si responde o si decide no pelear con Washington en público.

Yo me quedo con una pregunta: si el proceso es tan sólido como dice Rubio, ¿por qué le preocupa tanto una mujer con un micrófono y una caravana?