A finales de agosto, el Consulado de Venezuela en Nueva York tenía grafitis, carteles despegados, y una fachada que llevaba años sin ver una brocha.
El 31 de agosto, aparecieron los operarios.
El 11 de septiembre, el edificio lucía impecable. Ese mismo día, horas después, el Departamento de Estado confirmó oficialmente el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Venezuela.
El orden de los hechos importa aquí
No fue: se anuncia el acuerdo, y después se pinta el consulado.
Fue: se pinta el consulado, y después se anuncia el acuerdo.
Alguien, en algún escritorio, sabía la fecha antes que el comunicado de prensa.
Lo que dice, sin decirlo, una fachada limpia
Nadie manda pintar un edificio junto a la Catedral de San Patricio por capricho estético de último minuto. Esa remodelación fue una decisión administrativa, con presupuesto, con contratistas, con planificación. Ese tipo de cosas no se improvisan en once días porque sí.
Lo que sí se puede improvisar en once días es un comunicado de prensa.
El detalle que confirma la sospecha
Según el propio registro fotográfico comparativo, el deterioro del consulado no era nuevo: llevaba tiempo así, visible para cualquiera que pasara por esa esquina de Manhattan. Que justo ahora, justo antes del anuncio, alguien haya decidido que ya era momento de arreglarlo, no es una coincidencia particularmente sutil.
Y mientras tanto, el resto de la burocracia sigue igual
Aquí está la parte menos divertida del asunto. El consulado ya tiene pintura nueva. Lo que todavía no tiene, según lo que documentamos hoy mismo, es un registro electoral abierto para los 7,8 millones de venezolanos que viven fuera del país, ni respuesta clara para los 37,000 que quedaron fuera del padrón en Estados Unidos por la falta de relaciones diplomáticas que hoy, oficialmente, ya no existe como excusa.
Pintar una fachada toma once días. Resolver el acceso electoral de millones de personas, aparentemente, toma más.
El resumen
Una pared limpia es una pared limpia. No es, todavía, un consulado funcionando a plena capacidad, ni un registro electoral abierto, ni una respuesta a las 95 organizaciones que llevan semanas pidiendo exactamente eso.
Pero la pintura, hay que reconocerlo, quedó muy bien.
