El precio mediano nacional de una vivienda unifamiliar existente en Estados Unidos llegó a $434,900 dólares durante el segundo trimestre de 2026, un aumento interanual de 1.5%, según el último informe trimestral de la Asociación Nacional de Agentes Inmobiliarios (NAR), publicado el 4 de agosto. El dato confirma una tendencia que ya viene marcando el año: comprar una casa en Estados Unidos sigue siendo más caro que hace doce meses, y en el 80% de las áreas metropolitanas del país los precios subieron, no bajaron, entre abril y junio.
De las 235 áreas metropolitanas que analizó la NAR, 188 registraron incrementos en el valor de las viviendas respecto al mismo periodo del año anterior —una proporción mayor a la del primer trimestre, cuando solo el 71% de los mercados mostraba alzas. Solo el 5% de esos mercados tuvo incrementos de dos dígitos, una cifra que era mucho más común durante los años de la pandemia, cuando las subidas explosivas de precio eran la norma en buena parte del país.
La dispersión geográfica de esas subidas es uno de los datos más reveladores del informe. El Noreste registró el mayor incremento interanual, con un alza del 3.8% y un precio medio de $547,200; el Medio Oeste subió 3.6%, hasta $340,800. En el Sur, el precio medio aumentó apenas 1%, hasta $380,000, mientras que en el Oeste los precios bajaron 0.8%, hasta $637,900 —una caída que la NAR atribuye a una menor asequibilidad y a una oferta que, en ciertos segmentos, ya supera a la demanda. Lawrence Yun, economista jefe de la NAR, explicó que el crecimiento fue más notorio en el Sur gracias a la creación de empleo en esa región, mientras que el Noreste se vio limitado por una menor generación de puestos de trabajo combinada con precios que ya afectan la asequibilidad de forma directa.
Ningún mercado del país refleja mejor esta presión de precios que California: de las diez áreas metropolitanas más caras de Estados Unidos, ocho están en ese estado. San Jose-Sunnyvale-Santa Clara lidera el ranking nacional con un precio medio de $2,050,000 —aunque, de forma llamativa, es el único de los diez mercados más caros que registró una baja interanual, de 4.2%. Le siguen San Francisco-Oakland-Hayward ($1,500,000, +5.2%), Anaheim-Santa Ana-Irvine ($1,485,000, +3.7%) y Urban Honolulu, en Hawái ($1,183,000, +3.0%), el único mercado fuera de California entre los cinco primeros. En el otro extremo del país, ciudades como Beaumont-Port Arthur en Texas (+11%), Naples-Immokalee-Marco Island en Florida (+10.5%) y Syracuse en Nueva York (+9.6%) tuvieron los mayores saltos porcentuales de precio, una señal de que el encarecimiento de la vivienda ya no se concentra únicamente en los mercados tradicionalmente caros de las costas.
El otro factor que sigue determinando quién puede o no comprar una casa es el costo del financiamiento. La tasa hipotecaria fija a 30 años cerró julio en 6.66%, y datos posteriores de Freddie Mac la ubicaron en 6.69% durante la primera semana de agosto —el nivel más alto en más de un año, aunque todavía ligeramente por debajo del 6.72% de hace doce meses. El pago mensual promedio de una hipoteca típica con una entrada del 20% fue de $2,199 dólares, $52 menos que el año pasado, pero $219 más que en el trimestre anterior —una señal de que, si bien las tasas mejoraron respecto a 2025, siguen moviéndose en la dirección equivocada mes a mes.
Hay, sin embargo, un dato dentro del informe que ofrece un matiz de alivio real: el porcentaje promedio del ingreso familiar destinado al pago de la hipoteca subió a 23.8%, frente al 21.8% del trimestre anterior, pero bajó comparado con el 25.5% registrado hace un año. La razón, según la NAR, es que los ingresos de las familias han crecido más rápido que los precios de la vivienda durante el último año, lo que mejoró la asequibilidad relativa incluso en medio de tasas hipotecarias elevadas. Yun lo resumió así: “Las ventas de viviendas aumentaron pese al alza de las tasas hipotecarias. Esto demuestra el potencial de demanda acumulada gracias a los avances en empleo e ingresos.”
El 20% de los mercados metropolitanos sí registró bajadas en el precio mediano de venta durante el segundo trimestre —una proporción menor al 27% del trimestre anterior y al 24% de hace un año, lo que sugiere cierta estabilización general, aunque desigual según la región. La NAR no anticipa una caída significativa de precios en el corto plazo: la escasez de inventario en el Noreste y el Medio Oeste sigue sosteniendo la presión al alza, mientras que el principal obstáculo para los compradores continúa siendo el costo del financiamiento, no la disponibilidad de propiedades en el mercado.
Por qué esto importa para las familias hispanas: el mercado de vivienda en Estados Unidos lleva varios años funcionando como uno de los principales obstáculos para que las familias hispanas —que históricamente tienen una tasa de propiedad de vivienda más baja que el promedio nacional— puedan acumular patrimonio a través de una casa propia. La combinación de precios que siguen subiendo en el 80% de los mercados del país, con tasas hipotecarias en su nivel más alto en un año, mantiene ese objetivo fuera de alcance para muchas familias, incluso en un contexto donde los ingresos han mejorado. La única señal genuinamente positiva del informe —que la proporción del ingreso destinado a la hipoteca bajó frente al año pasado— ofrece un respiro parcial, pero no cambia el panorama de fondo: comprar una casa en Estados Unidos hoy sigue siendo, en términos reales, más difícil que hace apenas un par de años.
