Un portavoz de la Guardia Revolucionaria de Irán reiteró esta semana que Teherán solo reabrirá el Estrecho de Ormuz si Estados Unidos levanta el bloqueo naval sobre los puertos iraníes, paga compensaciones y retira las sanciones vigentes, según recogió Havana Times a partir de un reporte de Democracy Now. Es la misma postura que Irán viene sosteniendo desde hace tres semanas, pero que hoy adquiere una dimensión distinta: choca de frente con la ofensiva económica que el propio secretario del Tesoro, Scott Bessent, formalizó apenas el lunes bajo el nombre “Operation Economic Outcast”, que documentamos en detalle esta misma semana.

Las seis condiciones completas que Teherán exige a Washington

A comienzos de agosto, el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, Mohamad Baqer Zolgadr, detalló en un comunicado a través de la agencia estatal IRNA las seis condiciones que, según Teherán, constituirían la “corrección de comportamiento” necesaria por parte de Estados Unidos: el levantamiento del bloqueo naval contra Irán, el fin de las sanciones, la liberación de los activos iraníes congelados, una compensación económica por lo que Irán describe como “dos guerras impuestas”, el cese de las amenazas y operaciones militares contra el país y sus aliados regionales en Líbano, Palestina, Yemen e Irak, y la retirada de las fuerzas estadounidenses desplegadas cerca de sus fronteras. “Hasta que Estados Unidos no corrija su comportamiento, el estrecho de Ormuz no será abierto”, declaró entonces Zolgadr.

Un canal diplomático roto, con Omán como intermediario

El ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abbas Araqchi, ha insistido en que Irán y Estados Unidos no mantienen conversaciones directas, y que Teherán no tiene previsto retomarlas mientras considere que Washington incumple el protocolo provisional que ambos países firmaron en junio. Por ahora, los dos gobiernos intercambian mensajes exclusivamente a través de intermediarios, con Omán, país que también limita con el estrecho, jugando un papel activo en las negociaciones sobre el mecanismo jurídico y las rutas de navegación. Un funcionario estadounidense había señalado que Washington levantaría el bloqueo de los puertos iraníes una vez que se anuncie un acuerdo sobre transporte marítimo comercial sin impedimentos, aunque condicionó esa medida a que Irán cumpla primero sus propios compromisos, el mismo tipo de callejón sin salida de “quién cede primero” que ha caracterizado buena parte de esta negociación.

El choque directo con la ofensiva de esta semana

Es precisamente ese punto muerto el que hace tan relevante lo que reportamos esta semana: Bessent anunció el lunes que Estados Unidos desplegaría, en sus propias palabras, “la mayor ofensiva financiera jamás desplegada contra un adversario”, con sanciones inmediatas contra casi 60 entidades y advertencias directas a China, el principal comprador de petróleo iraní. Es difícil imaginar que Teherán retroceda en sus seis condiciones, incluida la exigencia de que se levanten exactamente ese tipo de sanciones, en el mismo momento en que Washington las multiplica. La opinión pública estadounidense, por su parte, sigue mayoritariamente en contra de una guerra abierta con Irán, según encuestas citadas por medios de la región, un factor que se suma a la presión electoral: a menos de tres meses de las elecciones legislativas de noviembre, Trump necesita mostrar algún avance geopolítico concreto frente a Irán.

El costo que ya están pagando ambos lados

Mientras la negociación permanece estancada, los costos económicos siguen acumulándose en ambas direcciones. Documentamos esta semana cómo el rial iraní tocó un mínimo histórico de 2.02 millones por dólar, con el precio del arroz subiendo cerca de 60% y el de la carne de res más de 150% desde que comenzó el conflicto, según cifras que citamos de PBS. Del lado estadounidense, la incertidumbre sobre el tránsito por Ormuz sigue presionando al alza los precios del petróleo, un costo que las familias estadounidenses, incluidas las hispanas, ya vienen absorbiendo en la bomba de gasolina desde hace semanas.

Por qué esto importa para la comunidad hispana en Estados Unidos: mientras Irán y Estados Unidos permanezcan atrapados en este punto muerto, cada uno exigiendo que el otro ceda primero, mientras intensifica su propia presión, la probabilidad de que los precios de la energía se estabilicen en el corto plazo sigue siendo baja. Para las familias hispanas que ya han sentido el impacto de esta crisis en sus facturas de gasolina y electricidad durante semanas, entender que ambas partes acaban de reforzar sus posiciones esta misma semana, en lugar de acercarlas, es una señal clara de que ese alivio en el costo de vida probablemente no llegue todavía en el futuro inmediato.