A solo diez semanas de las elecciones legislativas de noviembre, el regreso de la política arancelaria de Trump está enfureciendo a los republicanos del Congreso, según reportó CNN. La frustración tiene dos frentes simultáneos: por un lado, los aranceles del 50% a productos canadienses que documentamos hace unos días desataron una guerra comercial abierta con Canadá; por el otro, la exención arancelaria a la carne molida importada, también reportada por esta sección, representa lo que republicanos describen como un doble golpe económico, con efectos particularmente agudos en estados clave para el control del Congreso.
La geografía que más preocupa al Partido Republicano
El aumento de aranceles a productos canadienses plantea el riesgo de intensificar todavía más una guerra comercial con el vecino del norte, justo en un momento especialmente inoportuno para las aspiraciones electorales republicanas. El problema no es solo el costo económico general: cuatro de los seis estados con contiendas de Senado consideradas más reñidas por el Cook Political Report limitan directamente con Canadá y mantienen un intercambio comercial intenso con ese país, Alaska, Maine, Michigan y Ohio. Es decir, la escalada arancelaria golpea con más fuerza precisamente donde los republicanos más necesitan mantener contentos a los votantes.
Trump defiende la suspensión de aranceles pese a las críticas de ganaderos
Del otro lado de la ecuación, Trump ha defendido públicamente la suspensión de aranceles a la carne de res importada, la medida que documentamos hace unos días como un intento de bajar los precios en el mostrador, pese a las críticas de ganaderos estadounidenses que temen el efecto de esa mayor competencia extranjera sobre sus propios precios internos. Es la misma tensión entre aliviar el costo de vida para los consumidores y proteger a los productores nacionales que ya habíamos documentado al cubrir la reapertura de la frontera ganadera con México.
Un patrón que se repite: republicanos que Trump culpa por sus propios problemas
Este episodio se suma a una dinámica que documentamos hace unas semanas: republicanos cada vez más frustrados porque Trump ha sugerido públicamente que son ellos, y no la guerra con Irán, los aranceles, ni el resto de sus acciones impopulares, quienes ponen en riesgo las mayorías del partido en el Congreso. Una encuesta reciente del Pew Research Center reveló una asimetría reveladora en la motivación de voto: mientras el 81% de los demócratas e independientes con inclinación demócrata dijo que su voto en noviembre sería un voto en contra de Trump, solo el 44% de los republicanos e independientes con inclinación republicana dijo que el suyo sería un voto a favor del presidente.
El contexto: 210 republicanos respaldaron la agenda arancelaria en febrero
Esta tensión no es completamente nueva. En febrero, documentamos cómo Trump presionó públicamente a la mayoría de los republicanos de la Cámara de Representantes para respaldar su agenda arancelaria, pese al descontento generalizado de los votantes por el costo de vida. Seis republicanos desafiaron entonces al presidente, votando junto a los demócratas para intentar eliminar las obligaciones de la Casa Blanca con Canadá, mientras 210 legisladores republicanos sí respaldaron a Trump, en una votación que ahora, según CNN, podría perseguirlos en unas elecciones intermedias centradas casi exclusivamente en la asequibilidad.
Por qué esto importa para la comunidad hispana en Estados Unidos: la escalada arancelaria que documenta esta nota tiene un efecto directo sobre los precios de bienes cotidianos, desde materiales de construcción hasta carne de res, que las familias hispanas ya vienen sintiendo en su presupuesto semanal. Más allá del costo económico inmediato, el hecho de que esta tensión defina buena parte de la campaña electoral republicana de cara a noviembre confirma que las decisiones comerciales tomadas en Washington en las próximas diez semanas tendrán un peso político y económico que trasciende ampliamente el propio resultado de las elecciones legislativas.
