Con la salida de Karoline Leavitt confirmada para finales de agosto, en Washington ya circulan los primeros nombres para el puesto más visible y desgastante del gobierno de Trump: la secretaría de prensa de la Casa Blanca.
Los nombres que se manejan internamente
Entre los perfiles que suenan está Alina Habba, exabogada personal de Trump y asesora política cercana al presidente, quien se desempeñó brevemente como fiscal federal interina para el Distrito de Nueva Jersey. Según fuentes internas citadas por medios estadounidenses, es considerada la favorita inicial.
También aparece Anna Kelly, actual subsecretaria de prensa principal y segunda al mando de Leavitt —una de las pocas integrantes del equipo actual autorizada para representar a la Casa Blanca en medios como Fox News, lo que la posiciona como una opción de continuidad natural. Tricia McLaughlin, quien ganó visibilidad como portavoz del Departamento de Seguridad Nacional defendiendo con firmeza las políticas migratorias del presidente, es otro nombre que se repite. Completa la lista Elizabeth Pipko, exmodelo y exportavoz del Comité Nacional Republicano con vínculos cercanos a la familia Trump, quien ya había sido considerada para el cargo antes de que Leavitt fuera seleccionada en su momento.
Un puesto difícil de llenar
El desafío para quien llegue no es menor. Trump se considera a sí mismo su mejor portavoz, y ha sido históricamente exigente con quienes hablan en su nombre. El director de Comunicaciones de la Casa Blanca, Steven Cheung, fue directo al describir el reto: nadie va a poder replicar exactamente lo que hizo Leavitt en el cargo.
Reemplazar a la secretaria de prensa más joven de la historia de Estados Unidos, justo cuando arrancan las elecciones de medio mandato de 2026, es una prueba de fuego desde el primer día para quien sea elegido —con la comunicación de la Casa Blanca bajo lupa constante en uno de los tramos más tensos del calendario político.
