La deuda pública total de Estados Unidos cruzó este martes el umbral de los 40 billones de dólares por primera vez en la historia, según confirmó el Departamento del Tesoro en un comunicado publicado el miércoles. La cifra exacta se ubicó en 40.05 billones de dólares al cierre de operaciones del martes, dividida en 32.27 billones en manos del público y 7.78 billones en posiciones intragubernamentales.
Lo más revelador del hito no es la cifra en sí, sino la velocidad con la que se alcanzó: la deuda tardó apenas cuatro años y medio en crecer un tercio, desde que cruzó los 30 billones de dólares en enero de 2022. Hace apenas diez años, la deuda total se ubicaba en 19.4 billones de dólares —es decir, se ha más que duplicado en una década—. La cifra llegó, además, casi dos años fiscales antes de lo que había proyectado la Oficina de Presupuesto del Congreso, que en mayo de 2023 estimaba que este umbral no se cruzaría hasta un período posterior.
El costo del servicio de la deuda, cada vez más pesado
A dos meses del cierre del año fiscal 2026, los pagos de intereses acumulados ascienden a 1.17 billones de dólares, un 15% más que en el mismo período del año anterior. El gasto por intereses se ha convertido ya en la tercera partida presupuestaria más grande del gobierno federal, solo por detrás de la sanidad y la Seguridad Social. En el reporte mensual más reciente de las finanzas estadounidenses, el Tesoro registró un déficit de 432,300 millones de dólares solo en julio, el total mensual más alto desde marzo de 2021, con un déficit acumulado en lo que va del año fiscal cercano a los 1.8 billones de dólares.
Un margen cada vez más estrecho antes del techo legal
El margen disponible antes de alcanzar el techo legal de deuda —fijado en 41.1 billones de dólares por la ley promulgada el 4 de julio de 2025— es de apenas 1.05 billones de dólares. Es exactamente este contexto de costos de financiamiento disparados el que llevó al propio Departamento del Tesoro a anunciar ayer, como documentamos en esta sección, que duplicará el tamaño de sus recompras de bonos de largo plazo para intentar contener el rendimiento de esa deuda, después de que el bono a 30 años tocara su nivel más alto desde 2007.
Un problema que se retroalimenta a sí mismo
Economistas describen la dinámica actual como un “círculo vicioso”: a medida que los inversionistas exigen rendimientos más elevados para prestarle al gobierno estadounidense, el costo del servicio de la deuda escala, lo que a su vez incrementa las necesidades de financiación del Tesoro, generando presión adicional sobre esos mismos rendimientos. La Oficina Presupuestaria del Congreso proyecta que la deuda en manos del público pasará de 101% del PIB en 2026 a 120% en 2036, una trayectoria que, según reconocen legisladores de ambos partidos, requeriría decisiones políticas difíciles sobre gasto e ingresos que, hasta ahora, el Congreso ha evitado abordar de frente.
Por qué esto importa para la comunidad hispana en Estados Unidos: cada dólar adicional que el gobierno federal destina a pagar intereses sobre su propia deuda es un dólar que no está disponible para otros programas, y el costo creciente de ese financiamiento —reflejado en tasas hipotecarias y de crédito más altas en toda la economía— termina sintiéndose de forma directa en el presupuesto de cualquier familia hispana que busque comprar una vivienda, financiar un vehículo o sostener un pequeño negocio. Que la deuda haya alcanzado este hito casi dos años antes de lo proyectado confirma que la trayectoria fiscal del país se está deteriorando más rápido de lo que los propios analistas del Congreso anticipaban apenas hace unos años.
