La líder opositora venezolana María Corina Machado rompió el silencio sobre la mesa de diálogo que el gobierno de Delcy Rodríguez inició con la Asamblea Nacional electa en 2015, un proceso del que ni ella ni el presidente electo Edmundo González Urrutia forman parte. En una entrevista con el periodista Luis Olavarrieta, Machado reveló que no fue consultada sobre esta nueva ronda de conversaciones, aunque aclaró que respaldará cualquier acuerdo que conduzca al cumplimiento del mandato surgido de las elecciones del 28 de julio. “Nosotros habíamos hecho un planteamiento (…) y se optó por otro”, dijo, en referencia a una propuesta distinta que ella y González Urrutia habían presentado previamente para encauzar la transición.
La condición que fijó Machado fue clara: “Si lo que buscan es que yo ceda en lo esencial, en los valores o en el mandato, eso no va a pasar jamás”. La dirigente insistió en que el objetivo sigue siendo una transición democrática con resultados concretos, no nuevas rondas de conversaciones sin desenlace, y subrayó que “la gente es protagonista y vigilante” del proceso.
Machado también abordó, sin dar fecha, su eventual regreso a Venezuela: “Yo voy a regresar a Venezuela (…) Cuando ocurra, los venezolanos lo sabrán”, dijo, explicando que su prioridad sigue siendo cumplir el mandato del 28 de julio y participar en la reconstrucción institucional del país. Sobre las especulaciones de que estaría siendo desplazada por Delcy Rodríguez como interlocutora principal de la transición ante Washington, respondió que “esto no se trata de mí como persona, se trata de los venezolanos”, y afirmó mantener “excelentes relaciones” con funcionarios del gobierno estadounidense.
Por qué esto importa para la diáspora venezolana: que la líder con mayor respaldo popular dentro de la oposición confirme públicamente que no fue consultada sobre la mesa de negociación actual plantea una pregunta incómoda sobre la legitimidad del proceso en marcha — y para millones de venezolanos en el exterior que depositaron su esperanza de retorno en el resultado del 28 de julio, la firmeza de Machado funciona como garantía de que ese mandato no se negocia en la letra pequeña de un diálogo del que ella misma quedó al margen.
