Un bolívar que ingresa al bolsillo de un consumidor venezolano tiene una esperanza de vida máxima de 48 horas antes de gastarse. Es el hallazgo central del estudio “Tendencias del Consumidor Venezolano 2026”, elaborado por la encuestadora Datanálisis con una muestra de más de 8,000 consumidores a nivel nacional, presentado este 17 de septiembre en el Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA).

La frase que resume el diagnóstico

Luis Vicente León, presidente de Datanálisis, explicó el hallazgo con una distinción que va al centro del problema: “el bolívar es la moneda de compra, pero no es la moneda de reserva. Es la moneda de compra porque te sale más barato comprar en bolívares por la brecha cambiaria (…) pero incluso cuando tienes bolívares que no te gastas, te volteas a comprar dólares para proteger patrimonialmente a tu familia”.

Qué significa esto en términos prácticos

El bolívar, según este diagnóstico, ha quedado reducido a una función exclusivamente transaccional: sirve para pagar en el momento, pero nadie lo conserva como ahorro. En cuanto una familia recibe bolívares, su primer instinto es convertirlos en dólares o gastarlos de inmediato, antes de que la devaluación acelerada erosione su valor real. Es el mismo mecanismo que documentamos hace unos días al reportar la cotización del dólar en 827,73 bolívares según la tasa oficial del Banco Central: una brecha cambiaria que hace más barato comprar en bolívares, pero que castiga con dureza a quien decide guardarlos.

El efecto en cascada sobre el presupuesto familiar

El propio evento donde se presentó el estudio ofreció una ilustración concreta de las consecuencias: cuando la mayoría del presupuesto familiar se agota de manera forzosa entre comida, mantenimiento del hogar y salud, áreas vitales como la continuidad escolar quedan en una situación de extrema vulnerabilidad. Por eso, la organización Fe y Alegría participó en el evento con un stand promocional de su campaña “Beca a un estudiante”, una iniciativa de recaudación diseñada para apoyar directamente a más de 1,000 alumnos y sus familias durante este año escolar.

Cómo conecta con lo que hemos venido documentando

Este hallazgo confirma, con metodología y una muestra amplia, algo que hemos venido señalando en distintas piezas de esta serie: la crisis del agua en Cuba, donde una pipa puede costar hasta ocho veces el salario mensual promedio, y los apagones nacionales que documentamos esta semana, describen un patrón regional similar de economías donde el ingreso formal ya no alcanza para cubrir ni las necesidades más básicas, obligando a las familias a operar casi por completo en dólares o en mecanismos informales de subsistencia diaria.

Por qué esto contradice el discurso oficial sobre el “renacimiento” económico

Este estudio llega apenas días después de que documentáramos las declaraciones de Delcy Rodríguez asegurando que Venezuela “lidera el crecimiento económico en América Latina”. Es difícil sostener esa narrativa de manera simultánea con un hallazgo que confirma que la moneda nacional del país ha perdido, en la práctica, toda función de ahorro para sus propios ciudadanos.

Lo que sigue pendiente

Con el Banco Central de Venezuela sin publicar cifras oficiales de inflación de forma regular desde hace años, estudios independientes como el de Datanálisis se han convertido en una de las pocas fuentes disponibles para medir, con cierto rigor metodológico, el impacto real de la crisis monetaria sobre la vida cotidiana de los venezolanos. Seguiremos de cerca si este diagnóstico se traduce en algún ajuste de política económica por parte del gobierno interino en las próximas semanas.