[[REEMPLAZAR-IMAGEN: diseño propio — fuente original: mujer iraní caminando frente a una valla publicitaria contra EE.UU. e Israel con imágenes de Trump y Netanyahu en Teherán, crédito referenciado en cobertura de NPR]]

Estados Unidos atacó a Irán este lunes por noveno día consecutivo, ampliando ahora sus objetivos para incluir infraestructura civil, según confirmó el Comando Central estadounidense. La escalada llega después de que las conversaciones de paz entre ambos países colapsaran por un desacuerdo sobre un memorando de entendimiento centrado en el Estrecho de Ormuz, la vía marítima por la que transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial. La cifra de militares estadounidenses muertos en el conflicto subió a tres, tras el ataque iraní del fin de semana contra bases en Jordania que dejó además a un cuarto militar desaparecido —las primeras bajas de EE.UU. desde marzo.

La Guardia Revolucionaria de Irán reportó este lunes que dos petroleros quedaron inmovilizados tras explosiones en el Estrecho de Ormuz, un incidente que disparó de inmediato el precio del petróleo más de 2%, superando los 90 dólares por barril. El nuevo líder supremo de Irán ya había descrito la firma del presidente Trump en el memorando de entendimiento como “sin ningún valor”, y este fin de semana Teherán anunció formalmente que ya no buscará implementarlo —la primera vez que el país abandona explícitamente, y no solo de facto, el marco diplomático negociado con Washington.

La escalada de este conflicto tiene, además, una dimensión que trasciende la región: mientras se intensifican los combates, el Kremlin recibió este fin de semana una visita inesperada de la canciller norcoreana Choe Son Hui, sin que mediara ningún evento diplomático multilateral que la justificara, lo que generó especulación sobre una posible coordinación previa a una visita del propio líder norcoreano Kim Jong Un a Rusia. Analistas siguen de cerca si el reacomodo de alianzas entre Rusia, Corea del Norte e Irán —los tres bajo fuerte sanción occidental— se profundiza en paralelo a esta escalada.

Por qué esto importa más allá del frente militar: el salto en el precio del petróleo por encima de los 90 dólares reaviva de inmediato los temores de inflación global, justo cuando la Reserva Federal evalúa si debe subir las tasas de interés en su próxima reunión de julio. Para las familias hispanas en Estados Unidos, que ya sienten la presión combinada de los aranceles y el impuesto a las remesas, un conflicto que no muestra señales de desescalar —y que ahora amenaza directamente una de las rutas marítimas más importantes del comercio mundial de energía— representa una fuente adicional y creciente de presión sobre el costo de vida, sin que exista todavía ninguna fecha clara de cuándo podría estabilizarse la situación.