Esta semana arranca el Debate General de la Asamblea de la ONU, el evento anual donde 193 países mandan a alguien a decir, frente a un salón medio vacío para cuando llegue el orador número 40, qué es lo que más les preocupa del mundo. Este año hay 81 jefes de Estado y 50 jefes de Gobierno anotados para hablar entre el martes y el lunes siguiente. Repasemos quién sí fue, quién no, y quién decidió que una videollamada era suficiente.

Los dos que no van a estar, y por qué eso dice más que cualquier discurso

Vladímir Putin no va. Xi Jinping tampoco. Ninguno de los dos pisa la Asamblea en persona desde hace más de diez años. Rusia manda a su canciller, Sergei Lavrov. China manda al vicepresidente, Han Zheng.

Aquí está la parte que vale la pena subrayar: Xi no falta porque esté ocupado en otra cosa cualquiera. Falta porque tiene previsto viajar a Washington esa misma semana para verse con Trump, cara a cara, en privado. Es decir, el líder chino decidió que una reunión bilateral fuera de cámaras vale más que subirse a un podio frente a 190 países. No es una ausencia, es una preferencia con mensaje incluido.

El presidente que no puede entrar a su propio evento

Mahmoud Abbas, presidente palestino, quiso ir. Estados Unidos, anfitrión obligado de la Asamblea por tratado internacional, le negó la visa. Otra vez. Es el segundo año consecutivo que le pasa. La Asamblea General tuvo que votar, formalmente, si le permitían participar por video. Ganó el sí.

Así que el jefe de Estado de un territorio con estatus de observador permanente en la ONU va a dirigirse a la ONU exactamente igual que cualquier empleado que no pudo ir a la reunión presencial: por pantalla.

El caso venezolano, que resume todo lo demás

Delcy Rodríguez sí va. Será la primera vez que un jefe de Estado venezolano pisa la Asamblea desde 2018. Va a coincidir con la semana en la que, según documentamos ayer, se reúne con Trump en persona por primera vez.

Mientras tanto, a pocos kilómetros de la sede donde Rodríguez va a ser recibida con la formalidad diplomática habitual, Nicolás Maduro sigue preso en una cárcel neoyorquina. El hombre que gobernó Venezuela hasta enero está a un viaje en taxi de la ceremonia que legitima, en los hechos, a quien lo sucedió.

El que se despide

António Guterres da su último discurso como secretario general en esta Asamblea. La semana pasada ya adelantó el tono: describió el momento actual como una “era de profunda incertidumbre” frente a “tres amenazas existenciales”. No dijo cuáles, exactamente, pero con Putin y Xi ausentes, Abbas por video, y Maduro preso a la vuelta de la esquina, tampoco hacía falta que las nombrara una por una.

El calendario de quién habla cuándo

Trump y Macron abren el turno de líderes el martes, justo después de Guterres. Zelensky y el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, hablan el miércoles. Netanyahu, que tiene sobre su cabeza una orden de arresto de la Corte Penal Internacional que Israel rechaza, habla el jueves.

También confirmaron viaje José Antonio Kast, Keiko Fujimori, Daniel Noboa, Javier Milei y Rodrigo Paz, completando el cupo latinoamericano de esta edición.

El dato financiero que nadie mencionó en el podio

Un detalle menos vistoso, pero relevante: la ONU llega a esta Asamblea en mejor forma financiera que el año pasado, cuando enfrentó una crisis presupuestaria seria mientras Washington amenazaba con cortarle el financiamiento por completo. Parece que la administración Trump reconsideró, al menos parcialmente, su escepticismo hacia el organismo. No hay comunicado explicando el cambio de parecer. Simplemente, el dinero volvió a llegar.

El resumen

Los dos hombres que más deciden sobre el destino del planeta no aparecieron. Uno de ellos prefirió una reunión privada con el anfitrión antes que el podio compartido. Al presidente de un territorio sin estado propio le negaron la entrada a su propia asamblea. Y el hombre que gobernó Venezuela hasta hace ocho meses ve, desde una celda a pocas cuadras, cómo su sucesora es recibida con honores en el mismo edificio.

La ONU sigue llamándose “Naciones Unidas”. El nombre, cada año, exige un poco más de imaginación.