Este jueves 1 de octubre, dos realidades del sector petrolero venezolano se desarrollan en paralelo, y en direcciones casi opuestas. Por un lado, empresas internacionales de Qatar, España y Estados Unidos se preparan para expandir sus operaciones en el país. Por el otro, trabajadores activos, jubilados y pensionados de la propia industria petrolera se movilizan hoy mismo hacia la sede de PDVSA en La Campiña, Caracas, exigiendo respuestas a sus reivindicaciones laborales.

La expansión que documentan las petroleras internacionales

Según reportó France24, con el acuerdo que Trump calificó de “histórico” y que hemos documentado extensamente en esta serie, Estados Unidos controlará el 20% de las reservas petroleras venezolanas. Michael García, jefe adjunto de misión de la embajada estadounidense en Venezuela, lo resumió así: “hemos trabajado con el gobierno interino para reabrir las puertas a empresas estadounidenses e internacionales de renombre para comercializar petróleo venezolano”.

Las cifras concretas de esa expansión

Ludwing Mercado, gerente de operaciones en Venezuela de la española Repsol, prevé un alza de 50% en la producción petrolera de sus campos en el occidente del país. Erik Keskula, director de una empresa catarí que explora oportunidades en el país, afirmó que “toda Venezuela es una tremenda oportunidad para nosotros y para nuestros planes de crecimiento”. En paralelo, documentamos ayer que GeoPark, la petrolera con sede en Bogotá, negocia esta misma semana con PDVSA el suministro de diluyente, un insumo crucial para transportar el crudo pesado de la Faja del Orinoco, mientras se prepara para iniciar producción en esa zona.

La magnitud del rezago que enfrenta la industria

Pese a este optimismo empresarial, la producción actual de Venezuela se ubica en 1,2 millones de barriles diarios, lejos de los 3 millones que el país producía hace dos décadas. Es la brecha que explica por qué, según el propio reporte, la infraestructura petrolera venezolana enfrenta un deterioro profundo tras años de desinversión, problemas de gestión en PDVSA, falta de mantenimiento, y el impacto de las sanciones internacionales previas.

Lo que piden los trabajadores que salen a la calle hoy

En un plenario realizado en Puerto La Cruz el pasado 12 de septiembre, trabajadores activos y jubilados del sector discutieron su situación y la necesidad de organizar esta movilización, convocada para las 10:00 de la mañana de hoy, según reportó Aporrea. Aunque el reporte no detalla las demandas específicas punto por punto, la convocatoria llega, según la misma fuente, “en un contexto de fuertes reclamos dentro del sector petrolero”.

Por qué este contraste es la noticia real del día

Vale la pena la pregunta que surge de leer ambas historias juntas: si la industria petrolera venezolana atrae inversión internacional creciente, con compañías proyectando alzas de producción de hasta 50%, ¿por qué sus propios trabajadores, incluidos los jubilados y pensionados que dedicaron su vida a esa misma industria, sienten la necesidad de salir a la calle a exigir respuestas? Es una pregunta que conecta directamente con lo que documentamos hace unos días sobre las estimaciones del economista José Guerra: Venezuela cerraría 2026 con una inflación proyectada de 290%, pese a que los ingresos por exportaciones petroleras casi se duplicarán este año.

El dato que explica parte de esa desconexión

Según el propio Guerra, las exportaciones petroleras generarán 14,932 millones de dólares adicionales respecto a 2025, de los cuales dos tercios se explican por precios más altos del crudo, y un tercio por mayor volumen exportado. Pero el economista también advirtió que ese aumento de ingresos no se habría reflejado íntegramente en las reservas internacionales del país, un dato que conecta con la controversia que documentamos hace unos días sobre la falta de transparencia respecto al destino de los más de 13,000 millones de dólares ya recaudados por el petróleo venezolano bajo custodia estadounidense.

Lo que sigue

Con la movilización petrolera en marcha esta misma mañana en Caracas, y con la expansión internacional del sector avanzando en paralelo, seguiremos de cerca si estas dos narrativas, la de la inversión extranjera creciente y la del malestar laboral interno, logran converger en algún momento, o si continúan desarrollándose, como hasta ahora, en caminos prácticamente separados.