Estados Unidos reabrió el 24 de agosto el cruce fronterizo de Douglas, Arizona, al comercio de ganado mexicano, poniendo fin a 14 meses de cierre provocados por el gusano barrenador del Nuevo Mundo, la plaga cuyas larvas parásitas pueden devorar al ganado vivo. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) confirmó que todos los animales que ingresen por este punto se someterán a una inspección exhaustiva para garantizar que estén libres de cualquier signo de la enfermedad, con planes de extender próximamente la reapertura a los cruces de Santa Teresa y Columbus, en Nuevo México.

Una plaga que hoy afecta a 30 de los 32 estados mexicanos

La decisión llega en un momento delicado: apenas días antes, Sonora, el estado elegido para esta primera reapertura precisamente por sus altos estándares sanitarios y la ausencia previa de casos, reportó su propio primer caso de infestación, en un bovino del municipio de Álamos. Según datos de Senasica, el organismo sanitario mexicano, el brote acumula ya 38,820 casos desde noviembre de 2024, con 1,963 casos activos hasta el 18 de agosto, y alcanza a 30 de las 32 entidades federativas del país. Solo Baja California y Baja California Sur permanecen sin registros de la plaga. Tras la detección en Sonora, autoridades y organizaciones ganaderas activaron un cerco sanitario de 20 kilómetros alrededor del caso.

El respaldo político de ambos gobiernos

El embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, atribuyó la reapertura a los esfuerzos conjuntos de las administraciones de Donald Trump y la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, describiéndola como un paso para proteger la salud animal y beneficiar a productores y consumidores de ambos países. El gobernador de Sonora, Alfonso Durazo, confirmó que la capacidad sanitaria de la estación cuarentenaria de Agua Prieta se duplicó con apoyo federal para inspeccionar el ganado desde su origen hasta la entrega a las autoridades estadounidenses. Juan Ochoa Valenzuela, presidente de la Unión Ganadera Regional de Sonora, agradeció la reapertura y aseguró que los productores mantendrán las medidas sanitarias necesarias para conservar ese estatus.

La otra cara: ganaderos estadounidenses que preferirían más cautela

No todos en Estados Unidos comparten el entusiasmo oficial. Johnny Mestas, un ganadero de 74 años del valle de San Luis, al sur de Colorado, resumió su inquietud con una frase que refleja el desgaste de años de incertidumbre: “hay tres elementos contra los que luchar: el mercado, el clima y los vecinos”. Según reportó CNN, la preocupación de productores como Mestas no se limita al riesgo sanitario de que la plaga se propague a través del ganado mexicano, un temor que el propio caso de Sonora, detectado apenas días antes de la reapertura, no ha logrado disipar del todo, sino también al efecto que la entrada de ganado extranjero podría tener sobre los precios internos, justo en un momento donde documentamos hace unos días la exención arancelaria de 300,000 toneladas de carne molida importada que Trump anunció para intentar bajar los precios en el mostrador.

La escala del comercio que está en juego

Antes del cierre de la frontera, Sonora por sí sola exportaba alrededor de 320,000 cabezas de ganado al año hacia Estados Unidos, mientras que México en su conjunto comercializaba aproximadamente 1.2 millones de cabezas anuales hacia ese mismo mercado, su principal destino de exportación. Es una cifra que ayuda a dimensionar el peso real de esta reapertura para la cadena de suministro de carne de res en Norteamérica, en un momento donde, como documentamos recientemente, el inventario de ganado en Estados Unidos se encuentra en mínimos de varias décadas.

Por qué esto importa para la comunidad hispana en Estados Unidos: la reapertura de esta frontera ganadera, tan disputada dentro del propio sector agropecuario estadounidense, es una pieza más del mismo rompecabezas que documentamos hace unos días sobre el precio de la carne molida: mientras el gobierno busca aliviar la presión de precios abriendo más fuentes de importación, persisten dudas legítimas, tanto sanitarias como económicas, sobre si esta apertura logrará el efecto prometido sin generar nuevos riesgos. Para las familias hispanas que consumen carne de res como parte central de su dieta semanal, el desenlace de esta tensión entre productores nacionales y la necesidad de más oferta importada determinará, en gran medida, si el alivio de precios que promete el gobierno llega realmente al mostrador.