Casi 48 horas después de que un terremoto de magnitud 7.4 sacudiera a Colombia, los equipos de rescate lograron sacar con vida de entre los escombros a una mujer de 32 años el pasado martes, entre vítores y aplausos de las brigadas de emergencia que llevan días trabajando de forma casi ininterrumpida, según reportó Euronews en su cobertura de la emergencia. El rescate ocurre en el marco de lo que las propias autoridades describen como el terremoto más fuerte que ha sufrido el país en un siglo, y llega en un momento en que la llamada “ventana de oro” de 72 horas para encontrar sobrevivientes bajo estructuras colapsadas empieza a estrecharse.

El balance oficial de víctimas también se ajustó nuevamente: las autoridades revisaron la cifra de fallecidos a 224, después de que autoridades locales de Cali —la tercera ciudad más poblada del país y una de las más afectadas en términos de infraestructura— corrigieran datos iniciales que habían sobreestimado el número real de víctimas en esa ciudad específica. Es un ajuste que, aunque revela un proceso de verificación más riguroso por parte de las autoridades, no cambia la magnitud general de una tragedia que ya se cuenta entre las más graves en la historia sísmica reciente de Colombia.

El cambio más significativo de las últimas horas, sin embargo, es de naturaleza política más que humanitaria. El presidente Abelardo De La Espriella rectificó su postura inicial sobre la ayuda internacional, después de que en los primeros días de la emergencia hubiera declinado varios ofrecimientos de asistencia extranjera. Colombia recibirá finalmente esa ayuda internacional, según confirmó Euronews, en un giro que sugiere que la escala real de la emergencia —con decenas de edificios colapsados y cientos de desaparecidos que documentamos hace un día— terminó siendo mayor de lo que la respuesta institucional colombiana, apenas días después de la propia investidura presidencial, podía cubrir únicamente con recursos nacionales.

Esta rectificación se suma a la ayuda que ya venía llegando por canales bilaterales específicos: Estados Unidos había comprometido 15.5 millones de dólares en ayuda de emergencia apenas horas después del sismo, según documentamos ayer, mientras que Venezuela ofreció el envío de rescatistas y ayuda humanitaria a través de su canciller Félix Plasencia. Que el propio gobierno colombiano haya decidido ahora abrir la puerta a una coordinación internacional más amplia, después de una postura inicial más cerrada, refleja el tipo de ajuste de gestión que suele ocurrir cuando la magnitud real de un desastre natural termina superando la capacidad de respuesta que cualquier gobierno, y particularmente uno con apenas días en el cargo, puede anticipar en sus primeras horas al mando.

Por qué esto importa para la comunidad hispana en Estados Unidos: cada rescate con vida, como el de esta mujer de 32 años casi dos días después del sismo, es una noticia que recorre con fuerza particular a la extensa comunidad colombiana en Estados Unidos, que sigue de cerca cada actualización con la esperanza de que sus propios familiares puedan estar entre los sobrevivientes todavía por encontrar. El giro en la postura oficial sobre la ayuda internacional, por su parte, es una señal que probablemente tranquilice a esa misma comunidad: significa que los recursos y la experiencia de otros países, incluida la propia ayuda estadounidense ya comprometida, ahora se sumarán sin las reservas iniciales que el gobierno colombiano había mostrado en los primeros días de esta emergencia todavía en desarrollo.