Un fuerte terremoto de magnitud 7.4 sacudió este lunes 10 de agosto a Colombia, con epicentro en el departamento de Chocó, y se sintió con fuerza en amplias zonas del país e incluso en naciones vecinas como Ecuador, Panamá y Venezuela. El sismo se registró a las 7:34 de la mañana hora local, con una profundidad estimada entre 79 y 96 kilómetros según distintos organismos, y su epicentro se ubicó cerca de los municipios de San José del Palmar, Río Iró y Nóvita, en el occidente del país.

Las primeras horas tras el sismo estuvieron marcadas por reportes de magnitud contradictorios entre distintos organismos, algo habitual en los minutos posteriores a un terremoto de esta escala mientras los sistemas de monitoreo terminan de calibrar los datos: el Instituto Geofísico de Ecuador reportó inicialmente una magnitud de 7.6, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) registró 7.4, y el Servicio Geológico Colombiano (SGC), tras un primer boletín preliminar de 6.6-6.7, confirmó finalmente la magnitud definitiva en 7.4. El director técnico de Geoamenazas del SGC, John Makario Londoño Bonilla, informó que hasta el momento se han registrado varias réplicas, incluyendo dos de magnitud considerable (2.8 y 4.8), y las autoridades mantienen el monitoreo activo ante la posibilidad de nuevos movimientos.
El saldo humano, aunque todavía preliminar y sujeto a actualización, ya es grave: distintos medios colombianos reportan al menos 21 personas fallecidas como resultado del terremoto, cifra que las autoridades de gestión de riesgo continúan verificando conforme avanzan las labores de rescate en las zonas más afectadas. La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) y los organismos de socorro locales trabajan actualmente en el levantamiento completo de daños, tanto en vidas humanas como en infraestructura, en una operación que las autoridades describen como de gran magnitud dada la extensión geográfica del sismo.

Las ciudades más golpeadas, según los primeros reportes, incluyen Cali, Pereira, Manizales y Armenia —la llamada zona cafetera del país, una de las regiones más densamente pobladas de Colombia—, aunque el movimiento también se sintió con fuerza en Bogotá, a unos 400 kilómetros del epicentro. Según información preliminar recogida por el diario El Tiempo, alrededor de 50 edificios habrían resultado afectados solo en las zonas más cercanas al epicentro, con varios colapsos totales o parciales documentados en video por residentes durante las horas posteriores al sismo.

El impacto sobre la infraestructura aeroportuaria del país fue igualmente significativo. La Aeronáutica Civil de Colombia confirmó la suspensión temporal de operaciones en siete terminales aéreos mientras se realizan inspecciones de seguridad: los aeropuertos Matecaña de Pereira, La Nubia de Manizales, El Edén de Armenia, El Caraño de Quibdó, Santa Ana de Cartago, Gerardo Tovar López de Buenaventura, y Alfonso Bonilla Aragón de Cali —este último añadido a la lista en una actualización posterior de la propia entidad—. La medida busca garantizar que las pistas y estructuras de cada terminal no hayan sufrido daños que comprometan la seguridad de futuras operaciones antes de autorizar su reapertura.
Entre los edificios con daños visibles documentados por residentes se encuentra la Catedral Basílica Metropolitana de Manizales, sede de la Arquidiócesis de esa ciudad, cuyas torres y estructura sufrieron afectaciones visibles durante el movimiento telúrico, según videos e imágenes que circularon ampliamente en redes sociales colombianas durante la mañana del lunes.

El presidente de Colombia, Abelardo De La Espriella, asumió personalmente la coordinación de la respuesta oficial al desastre. “He asumido directamente el liderazgo” de las labores de emergencia, declaró el mandatario, quien además anunció que viajaría a Pereira, una de las ciudades más golpeadas, para supervisar in situ las tareas de rescate y evaluación de daños. “No están solos”, afirmó De La Espriella dirigiéndose a las comunidades afectadas, en un mensaje que buscó transmitir respaldo institucional inmediato mientras continúan las labores de búsqueda en las estructuras colapsadas.

Gobiernos de la región ya empezaron a manifestar solidaridad con Colombia en las horas posteriores al sismo. Países vecinos como Ecuador, Panamá y Venezuela —donde también se sintió el movimiento telúrico, aunque sin reportes de daños significativos hasta el momento— expresaron su disposición a colaborar con Colombia en caso de que las autoridades colombianas requieran apoyo internacional para las labores de rescate y atención de emergencia, una oferta que suele activarse de forma protocolar tras sismos de esta magnitud en la región andina.
En Bogotá, pese a la distancia considerable del epicentro, las autoridades locales activaron de inmediato protocolos preventivos. El Instituto Distrital de Gestión de Riesgos y Cambio Climático (IDIGER) inició un barrido de verificación en todas las localidades de la capital para descartar afectaciones estructurales, según confirmó el propio alcalde de la ciudad, Carlos Fernando Galán, a través de sus redes sociales oficiales. En distintas ciudades del país, ciudadanos reportaron evacuaciones preventivas de edificios y viviendas, una medida estándar tras sismos de esta magnitud mientras se descartan daños estructurales no visibles a simple vista.
Colombia, según registros históricos que datan de 1900, ha experimentado al menos 17 terremotos de magnitud superior a 7 en su territorio, lo que sugiere que eventos sísmicos de esta escala ocurren, en promedio, cada 5 a 10 años en el país. La energía liberada por el sismo de este lunes equivale, según estimaciones de monitoreo sísmico internacional, a aproximadamente 1.9 millones de toneladas de TNT.
Por qué esto importa para la comunidad hispana en Estados Unidos: Colombia es uno de los países de origen con mayor presencia de inmigrantes y ciudadanos naturalizados en Estados Unidos, y un evento de esta magnitud —con epicentro en una zona que se extiende hasta la capital y las principales ciudades del eje cafetero— toca directamente a cientos de miles de familias colombianas en el exterior que en este momento intentan comunicarse con sus seres queridos para confirmar su estado. Esta es una situación en desarrollo: las cifras de víctimas, la evaluación completa de daños estructurales y el alcance real de la emergencia todavía están siendo determinados por las autoridades colombianas, y es previsible que se actualicen en las próximas horas y días conforme avancen las labores de rescate y verificación en el terreno.
