Casi 48 horas después de que un terremoto de magnitud 7.4 sacudiera a Colombia, el balance oficial de víctimas sigue subiendo con cada nueva actualización. Según un reporte de la Asociación Colombiana de Ciudades Capitales (Asocapitales) conocido por Blu Radio esta mañana, la cifra de fallecidos ascendió a 169 y la de heridos a más de 900 —un salto considerable frente al balance de 132 muertos y 570 heridos que el propio presidente Abelardo De La Espriella había entregado apenas horas antes, la noche del lunes.
El dato más preocupante de esta nueva actualización, sin embargo, no son los fallecidos confirmados, sino los desaparecidos. Solo en Cali, una de las ciudades más golpeadas por el sismo, el alcalde Alejandro Eder reportó 188 personas desaparecidas, cuyo paradero los equipos de búsqueda y rescate continúan intentando determinar. “Ya tenemos en la ciudad de Cali 228 rescatistas y los caninos que nos van a ayudar en esa búsqueda de los desaparecidos”, declaró De La Espriella, quien confirmó además que la ciudad recibirá 92 rescatistas adicionales —60 desde Bogotá y 32 de las Fuerzas Militares— para intensificar las labores de intervención en los edificios colapsados.
En medio de la desesperación por encontrar sobrevivientes, también llegaron noticias alentadoras. El propio alcalde Galán, de Bogotá, informó a través de su cuenta oficial que el cuerpo de bomberos de Cali logró el “rescate con vida de un hombre de 35 años de los escombros”. Carlos Esteban Rebolledo, el paciente rescatado, presenta lesiones leves y ya se encuentra fuera de peligro, según el propio reporte oficial. Rescates como este, casi dos días después del sismo, refuerzan la determinación de los equipos de emergencia: “cada minuto cuenta y toda ayuda es necesaria”, insistió Galán.
La emergencia también tiene ahora una dimensión de seguridad pública que no estaba presente en las primeras horas tras el sismo. Ante reportes de saqueos e inseguridad en las zonas más afectadas, Cali amaneció este martes militarizada, con aproximadamente 1,000 efectivos patrullando sus calles. Los alcaldes de varias ciudades del país, incluidas Cali y Pereira, decretaron toque de queda para evitar más saqueos y facilitar las labores de socorro sin interferencias. Es una señal de cuánto se ha deteriorado, en apenas dos días, la situación de orden público en algunas de las zonas más golpeadas, donde la necesidad urgente de recursos básicos —agua, alimentos, resguardo— empieza a generar tensiones adicionales sobre un sistema de emergencia ya sobrecargado.
Las primeras horas y días tras un terremoto de esta magnitud son especialmente críticos para los equipos de rescate, según explican los propios especialistas desplegados en la zona. Una de las técnicas más utilizadas durante estas operaciones consiste en guardar silencio absoluto en las inmediaciones de los edificios colapsados, para poder escuchar con mayor claridad cualquier voz, golpe u otra señal que indique la presencia de personas atrapadas con vida bajo los escombros. Los equipos de rescate en Cali y Pereira han pasado la noche completa trabajando bajo esas condiciones, apoyados por perros entrenados en detección y por cadenas humanas organizadas para extraer manualmente los restos de las estructuras derrumbadas cuando la maquinaria pesada no puede acceder con la precisión necesaria.
El desglose de infraestructura dañada, actualizado también esta madrugada, muestra la magnitud completa del desastre: 86 edificios colapsados en todo el país, 18 centros de salud averiados, 52 centros educativos con daños, 17 centros comunitarios afectados y 18 vías dañadas, según la más reciente actualización de Asocapitales citada por CNN en Español. Cinco capitales colombianas permanecen en alerta roja. Siete aeropuertos continúan con operaciones suspendidas, y el Consejo Superior de la Judicatura suspendió todos los términos judiciales y administrativos en el país hasta el 14 de agosto, mientras se confirma el estado de las distintas sedes judiciales afectadas por el sismo.
La respuesta internacional también se amplió durante la noche. La Unión Europea activó su mecanismo de protección civil para coordinar asistencia hacia Colombia, sumándose a la oferta de ayuda que Venezuela ya había extendido el lunes a través de su canciller Félix Plasencia, según documentamos en nuestra cobertura de esa reacción. Aerolíneas como Air Europa anunciaron además la flexibilización gratuita de cambios de vuelo hacia y desde los aeropuertos colombianos afectados —Cali, Pereira, Armenia, Manizales, Quibdó, Cartagena, Buenaventura y Popayán— para pasajeros con boletos emitidos hasta el 10 de agosto.
Las autoridades colombianas también mantienen activa la vigilancia sobre posibles réplicas del sismo principal, un riesgo que se suma a la ya delicada situación estructural de los edificios dañados en las ciudades más afectadas. Equipos de más de 200 especialistas en búsqueda y rescate, entre ellos bomberos desplazados desde otras ciudades del país y equipos USAR especializados en intervenir estructuras colapsadas, ya trabajan en Pereira, otra de las ciudades donde la emergencia sigue siendo crítica casi dos días después del sismo. Las autoridades insisten en que la población extreme precauciones, dado que la inestabilidad de las estructuras ya comprometidas por el terremoto original las hace especialmente vulnerables ante cualquier movimiento adicional, por menor que sea.
De La Espriella, quien había asumido la presidencia de Colombia apenas el 7 de agosto, tenía previsto viajar este martes a la ciudad más afectada por el terremoto para supervisar personalmente las labores de rescate y evaluación de daños, en lo que se perfila como el segundo día consecutivo de gestión directa de esta crisis desde el inicio mismo de su mandato.
Por qué esto importa para la comunidad hispana en Estados Unidos: el salto en la cifra oficial de víctimas —de 111 muertos confirmados el lunes por la tarde a 169 apenas un día después, con casi 200 personas todavía desaparecidas solo en la ciudad de Cali— confirma la advertencia que las propias autoridades colombianas hicieron desde el primer momento tras el sismo: que el balance real y completo de esta tragedia tomaría varios días adicionales en conocerse con precisión. Para las familias colombianas en Estados Unidos que siguen intentando confirmar el estado de sus seres queridos, cada nueva actualización de estas cifras representa horas adicionales de incertidumbre, mientras las autoridades en terreno enfrentan, además del propio esfuerzo de rescate, el reto adicional y cada vez más urgente de mantener el orden público en ciudades donde la desesperación por conseguir recursos básicos ya empezó a manifestarse en saqueos y la consecuente militarización de las calles.
