Uno de los lugares más famosos y áridos de Estados Unidos sufrió durante el fin de semana una inundación repentina que dejó al menos dos personas muertas, una desaparecida y casi 80 rescatadas, en el Parque Nacional del Gran Cañón, en Arizona. El Servicio de Parques Nacionales (NPS) calificó lo ocurrido como un “evento significativo de inundación repentina”.
Lo que ocurrió el sábado por la tarde
Una serie de fuertes tormentas provocó una crecida súbita en la zona del Bright Angel Canyon y el área de Phantom Ranch. Las aguas destruyeron casi todos los puentes peatonales que cruzan el Bright Angel Creek, eliminando por completo el acceso de los excursionistas a través del arroyo. La fuerza de la corriente fue tal que ensanchó el cauce y formó lo que parecía ser un nuevo rápido en el río, según reportó AP. El río Colorado fue cerrado al tránsito de embarcaciones el domingo, debido a las estructuras metálicas y escombros que arrastraba la corriente.
Las víctimas
El cuerpo de un hombre de 46 años fue recuperado la noche del domingo cerca de Crystal Rapids, a lo largo del río Colorado. Según The New York Times, se trataba de John Giusti, un quiropráctico de Texas que realizaba su primera excursión por el cañón junto a dos amigos. Su hermana, Valerie Gibbs, relató que Giusti había estado en contacto con su familia apenas 30 minutos antes de que los torrentes atravesaran el cañón. Fue la última vez que supieron de él. Un segundo cuerpo, identificado por medios como el de un practicante de artes marciales, fue recuperado posteriormente.
El detalle técnico que merece atención: la alerta que falló
Hay un elemento del reporte oficial que vale la pena destacar. Según el NPS, un sistema de medición instalado precisamente tras el incendio Dragon Bravo del año pasado sí alertó del aumento del nivel del agua, pero dejó de funcionar en algún momento durante el evento. Es un dato relevante porque plantea la pregunta de cuánto tiempo de anticipación real tuvieron los excursionistas que se encontraban en el fondo del cañón, y si un sistema operativo durante toda la crecida habría permitido más evacuaciones a tiempo.
Los testimonios de quienes lograron escapar
Los relatos de los sobrevivientes describen la velocidad brutal del fenómeno. Christopher Dry, que hacía senderismo con su hijo en una zona más elevada, recordó haber visto un relámpago y lluvia, seguidos apenas unos minutos después por una “visibilidad nula”. Otro excursionista, Evans, contó que tuvo justo el tiempo suficiente para recoger su carpa y su mochila y huir a un corral de mulas, donde unas 30 personas entre excursionistas, empleados del parque y trabajadores de la construcción observaban cómo subía el río. Esperaron tres o cuatro horas a que llegaran los helicópteros de rescate, mientras veían cómo los senderos quedaban arrasados o enterrados bajo el agua y los desprendimientos de rocas. David Gregory, de 59 años, que se encontraba en Phantom Ranch, describió cómo el río Colorado adquirió un color “marrón chocolate”.
Las consecuencias para uno de los parques más visitados del país
La inundación causó graves daños en la única tubería de agua que ingresa al cañón, lo que obligó a las autoridades a prohibir a los turistas pernoctar en albergues y hoteles dentro del parque, y a emitir restricciones de agua de emergencia para los residentes permanentes. El Gran Cañón recibe 4.4 millones de visitantes al año, y el Bright Angel Trail es el sendero más popular para descender al fondo del cañón.
Un patrón que se repite en otras latitudes
Este evento se suma a una serie de inundaciones repentinas catastróficas registradas en distintas partes del mundo durante las últimas semanas, incluida la que documentamos en la frontera entre Nepal y el Tíbet, donde el colapso de un glaciar generó una crecida que dejó decenas de muertos y cientos de desaparecidos. En ambos casos, el factor común fue la rapidez extrema del fenómeno: minutos entre la primera señal de alerta y la llegada del agua, un margen que deja poco espacio para cualquier evacuación ordenada.
