En este programa me senté solo frente a la cámara con una pregunta que no me deja tranquilo desde el domingo: el regreso de María Corina Machado a Venezuela, ¿es solo un paso de la transición o también es una jugada pensada para Estados Unidos? Mi hipótesis, y la planteo como hipótesis, es que estamos viendo un control de daños de la Administración Trump a una semana de las elecciones de medio término del 3 de noviembre.

Primero, los hechos, que son los que sostienen todo lo demás. Machado reapareció el domingo 25 en el santuario de la Divina Pastora, en Lara, y llegó a Caracas en caravana esa misma noche. Casi enseguida, Marco Rubio salió a decir que su regreso fue posible gracias al diálogo que Washington impulsa desde agosto, y según fuentes citadas por Reuters hubo contratistas de seguridad estadounidenses protegiéndola en parte del camino y una advertencia directa a Delcy Rodríguez para que no interfiriera. Se los conté con detalle en esta nota. La pregunta que me hago es por qué tanto apuro en ponerle la firma de Washington a ese regreso.

Ahí entra la parte incómoda para Trump. Desde enero, su Gobierno trabaja con Delcy como presidenta encargada, restableció relaciones con Caracas y cerró acuerdos petroleros. Para muchos venezolanos en Florida, que votaron por la mano dura contra el chavismo, ver a Washington tratando a los hermanos Rodríguez como socios no es un detalle. Y los senadores y congresistas republicanos que durante años se fotografiaron con la oposición, que hicieron campaña con la bandera tricolor, hoy tienen que explicar ese pacto en plena campaña. Mi lectura es que los demócratas pueden ganarles escaños aprovechando esa contradicción, y que una parte del electorado venezolano y cubano puede responder con un voto castigo.

No lo digo en el aire. Hay reportes de que el apoyo republicano entre votantes de origen cubano y venezolano del sur de Florida muestra señales de desgaste de cara a estas elecciones, y de que el voto venezolano está dividido: unos pesan más la captura de Maduro y otros la política migratoria. Con un Senado que se juega en carreras apretadas, un grupo pequeño de votantes puede pesar más de lo que parece.

Miren también la secuencia. El domingo vuelve María Corina, y el lunes Washington presenta su hoja de ruta para Venezuela: nuevo TSJ, nuevo CNE, Delcy declarando vacante la presidencia y elecciones en 2027. Para el votante de Miami, ese calendario es una respuesta a la pregunta de “¿y cuándo se va Delcy?”. Para mí es difícil creer que el momento sea pura casualidad.

Delcy, por su parte, llamó “show” a la caravana y dijo que para eso estaban los aeropuertos. Y Rubio le mandó un mensaje a Machado: que a la democracia no se llega protestando en la calle. Esas dos reacciones, juntas, dicen bastante. A Washington le sirve la foto de María Corina en Caracas, pero no le sirve una María Corina que se salga del guion.

Conviene separar lo confirmado de lo que todavía es hipótesis. Que Estados Unidos participó en el regreso, está confirmado. Que lo hizo pensando en las midterms es mi lectura, y se va a poner a prueba el 3 de noviembre y en lo que pase después: si los republicanos pierden escaños, veremos si la política hacia Venezuela cambia o sigue igual.

Les dejo la pregunta central: ¿el regreso de María Corina es el comienzo de la transición o el intermedio de una campaña electoral que no es la nuestra? Déjenme su opinión en los comentarios del video.