Toda casa necesita un salón de baile. Y si la casa es la Casa Blanca, el salón puede salir caro. Pero no para el contribuyente, según Donald Trump: el proyecto se financia “íntegramente” con donantes privados.

Ahora se sabe quiénes son. Registros internos revisados por The Washington Post muestran que la campaña de recaudación juntó unos 333 millones de dólares.

La lista de invitados

Los mayores aportes vienen de las empresas que más necesitan una buena relación con Washington:

La familia Adelson y el magnate de las telecomunicaciones Charles Ergen también figuran con 25 millones cada uno. Al menos 77 millones llegaron de donantes anónimos, y 57 donantes comprometieron 100.000 dólares o más.

La invitada especial

Hay un nombre que llama la atención. Isabela Herrera, hija del banquero Julio Herrera Velutini, comprometió 2,5 millones de dólares en septiembre de 2025, meses después de que se redujeran los cargos de soborno contra su padre. Pagó 835.000 dólares en octubre. En enero de 2026, Trump indultó a su padre.

Según el Post, la lista vincula a varios donantes con contratos federales, decisiones de política y un indulto presidencial. Que haya coincidencias no prueba que una cosa haya comprado la otra. Pero las coincidencias, en Washington, suelen tener buena memoria.

Cómo funciona

Las contribuciones pasan por una organización sin fines de lucro y luego llegan al gobierno y a una cuenta de la Casa Blanca que controla directamente Trump. La Corte Suprema permitió el 31 de agosto que siguiera la construcción del salón y de un complejo militar. La meta es terminarlo en 2028.

Trump asegura que el proyecto va por debajo del presupuesto y adelantado. La Casa Blanca, Nvidia, Microsoft, Google y Palantir no respondieron a las consultas.

El contraste

La misma semana en que se conoció la lista, la gasolina había subido 9,1% en un mes y la inflación llegaba a 3,7%. Para millones de familias, el baile que preocupa es el de los precios. En la Casa Blanca, por lo visto, el salón ya está pagado.