La diplomacia tiene sus costos. Algunos los paga el Estado. Otros, según el Wall Street Journal, alguien intentó que los pagara un empresario.
La Casa Blanca confirmó este martes que pidió la renuncia de Kimberly Guilfoyle como embajadora de Estados Unidos en Grecia, después de una serie de reportajes según los cuales vendía acceso a funcionarios del gobierno de Trump a cambio de dinero, regalos y favores.
Guilfoyle, exfiscal, expresentadora de Fox News y exprometida de Donald Trump Jr., llegó a Atenas en noviembre del año pasado.
La tarjeta
El empresario Eric Deters le contó al Wall Street Journal que Guilfoyle le ofreció acceso a funcionarios del gobierno a cambio de dinero, y que en una ocasión le pidió que pagara la factura de su tarjeta de crédito: 100.000 dólares.
No es el único episodio. Según la serie del Journal, la embajadora habría amenazado con usar la influencia estadounidense para perjudicar al gobierno griego, habría promocionado a una empresa energética griega vinculada a un lobista cercano y, en grabaciones de audio, presumía de sus contactos con empresarios griegos adinerados mientras buscaba una invitación a una cena en Davos en honor a Eric Trump. El Daily Mail reportó además que el organismo de control interno del Departamento de Estado revisaba quejas del personal de la embajada.
Las despedidas
El lunes, Trump dijo que estaba “evaluando” despedirla. El martes, la nueva secretaria de prensa, Katie Zacharia, confirmó el pedido de renuncia con un mensaje que podría servir para cualquier despedida de oficina: “Ha sido un activo maravilloso para el equipo, y le deseamos lo mejor”.
Trump fue más breve: “Estaba haciendo un buen trabajo, pero no nos gustó lo que leíamos”.
Leída al pie de la letra, la frase sugiere que el problema fue lo que se publicó.
Su versión
Guilfoyle niega todo. En X escribió: “Estas acusaciones son falsas, y tengo la intención de defender con vigor mi nombre, mi reputación y mi integridad”. Agregó que su respeto por Trump y por el secretario de Estado, Marco Rubio, sigue intacto.
Son acusaciones periodísticas, no una sentencia, y ella tiene derecho a defenderse. Pero el episodio deja una lección para futuros diplomáticos: cuando se representa a un país, la tarjeta de crédito se paga con el sueldo propio.
