Cuba anunció una reforma de su sector petrolero que permite a los inversores extranjeros operar mediante concesiones, y abre por primera vez la participación de los actores económicos privados cubanos en la industria del petróleo y el gas.

Lo explicó en Cubadebate Pedro Abigantus, funcionario del Ministerio de Energía y Minas. Hasta ahora, la vía para el capital extranjero eran los contratos de producción compartida en empresas mixtas con el Estado, vigentes desde los años noventa. La concesión, dijo, “puede resultar más atractiva para ciertos inversores”.

El objetivo declarado es aumentar progresivamente la producción de crudo y gas natural, “sin renunciar al control estatal sobre los recursos petroleros”.

Por qué ahora

El anuncio no se entiende sin el contexto. Desde enero, Estados Unidos aplica un bloqueo petrolero como parte de su política de “máxima presión”, con sanciones a empresas estatales y a dirigentes del sector. El 31 de enero también se cortaron los envíos de petróleo venezolano, que durante 25 años sostuvieron buena parte del consumo cubano y dejaron una deuda que los expertos calculan en al menos 20.000 millones de dólares.

Desde febrero, Washington solo permite el combustible comprado en Estados Unidos por emprendedores privados cubanos, que según datos oficiales cubre apenas el 3% de las necesidades del país. Las autoridades estadounidenses dicen haber interceptado 90 envíos de combustible. Este año solo llegó un barco ruso, con una donación de 100.000 toneladas de crudo.

Cuba consume unos 110.000 barriles diarios y produce alrededor de 40.000. El resultado se ve cada noche: déficits de más de 1.800 megavatios y apagones durante todo el día.

La letra pequeña

La reforma forma parte del paquete de 176 medidas de mercado aprobado en junio. Pero el problema de fondo no cambia con un nuevo tipo de contrato. Para invertir en Cuba, una empresa extranjera necesita seguridad jurídica, la posibilidad de repatriar sus ganancias y la garantía de no quedar atrapada en las sanciones estadounidenses. Nada de eso depende solo de una concesión.

Abrir el petróleo a privados sin ceder el control estatal es, en la práctica, pedir capital ajeno manteniendo las reglas propias. Habrá que ver si alguien acepta esas condiciones.