Cuba recibió este miércoles a los diez diplomáticos expulsados de República Dominicana, en un acto donde la viceministra de Relaciones Exteriores, Josefina Vidal, advirtió que la medida responde a “la escalada de Washington para aislar” a la isla, según reportó la agencia estatal Prensa Latina. El episodio marca un nuevo punto de tensión en la ya deteriorada relación diplomática entre Cuba y República Dominicana, y confirma el patrón de aislamiento diplomático creciente que hemos venido documentando en esta sección durante las últimas semanas.

La expulsión de estos diez funcionarios dominicanos se suma a una serie de gestos de distanciamiento entre ambos países caribeños en los últimos meses, en un contexto regional donde la presión estadounidense sobre los gobiernos que mantienen relaciones normales con La Habana se ha intensificado de forma notable desde que Estados Unidos elevó a Cuba a la categoría de “Prioridad 1” dentro de su Marco Nacional de Prioridades de Inteligencia, colocándola junto a China, Rusia e Irán, según documentamos hace unas semanas.

Un contexto económico que agrava el aislamiento

El aislamiento diplomático llega en un momento particularmente delicado para la economía cubana. Según cifras oficiales, el déficit fiscal estimado para 2026 asciende a 74,500 millones de pesos cubanos —unos 3,100 millones de dólares al tipo de cambio oficial para empresas—, una cifra similar a la del año anterior. Las propias autoridades reconocen la persistencia de problemas estructurales: escasez de productos básicos, apagones, inflación elevada, dolarización creciente y una fuerte migración. Entre 2020 y 2024, la economía cubana se contrajo 11%, y en 2024 el PIB retrocedió 1.1%, marcando el segundo año consecutivo de caída. El gobierno proyecta apenas 1% de crecimiento económico para 2026 —la misma tasa que había estimado para el año anterior, y que finalmente no logró alcanzar—.

La crisis energética sigue sin resolverse

En paralelo a este frente diplomático, el propio periódico oficial Granma reconoció recientemente que Cuba ha recibido en lo que va de 2026 un único cargamento de petróleo —unas 100,000 toneladas de crudo donadas por Rusia—, y nada más. Más de 1,400 megavatios de capacidad instalada permanecen inactivos por falta de crudo, dejando al sistema eléctrico nacional sostenido casi exclusivamente por la producción interna: crudo nacional, gas acompañante de pozos y fuentes renovables, en cantidades que el propio medio oficial reconoce que resultan insuficientes.

Por qué esto importa para la diáspora cubana en Estados Unidos: cada nuevo episodio de aislamiento diplomático —ya sea la expulsión de personal dominicano o la reducción de vuelos internacionales que documentamos anteriormente, con Iberia extendiendo la suspensión de sus rutas a Cuba hasta junio de 2027— reduce todavía más los canales formales que existían entre la isla y el resto de la región. Para la diáspora cubana, que ya sigue de cerca el deterioro económico interno del país —el déficit fiscal, la escasez de combustible, los apagones sostenidos—, este aislamiento diplomático creciente añade una capa adicional de incertidumbre sobre qué tan sostenible resulta, a mediano plazo, la posición internacional del gobierno cubano frente a una presión que, según sus propias autoridades, no muestra señales de disminuir.