Les cuento cómo amaneció Venezuela después de la marcha del jueves, porque las dos noticias del día se explican mejor juntas.

La primera: los siete trabajadores que la Policía Nacional Bolivariana se llevó al cierre de la concentración en la plaza Venezuela ya están libres. Eran los encargados de los camiones de sonido. Los soltaron con sus vehículos, según informó el Comité de Derechos Humanos de Vente Venezuela, pero no les devolvieron los equipos con los que trabajaron en la marcha. El mismo comité habló además de tres vehículos confiscados, un dato que todavía no está claro, según EFE. Su mensaje, publicado en X cerca de la medianoche, fue corto: “Prestar un servicio y cumplir con su trabajo no es un delito”.

A mí esto me suena conocido, y a ustedes también. En julio de 2024, antes de un acto de Edmundo González en el Zulia, detuvieron a seis personas contratadas como choferes, operadores y técnicos de sonido. Cambian los meses, cambia hasta el presidente en Miraflores, y el método sigue siendo el mismo: no hace falta reprimir a la multitud si le quitas el micrófono.

La segunda noticia salió de Miraflores. Delcy Rodríguez recibió a Jorge Rodríguez, jefe de la delegación oficialista, y a Dinorah Figuera, que encabeza a la delegación opositora de la Asamblea Nacional de 2015 en la mesa de diálogo. Fue la primera vez que la presidenta encargada recibe a Figuera. “Saludo y reconozco el esfuerzo de las partes que están sentadas en esta mesa de diálogo”, dijo, y destacó la reforma de la justicia y el acuerdo para usar recursos depositados en el exterior, como el oro venezolano en el Banco de Inglaterra, para la reconstrucción del país.

Hasta ahí, el tono de la foto oficial. Pero en el mismo acto habló de “sectores políticos muy, pero muy, muy pequeños que se resisten” y que pretenden “incendiar” el país, y cuestionó que trancar calles sea la vía para que Venezuela salga adelante, según recogió EFE. No nombró a nadie. No hacía falta: el día anterior, miles de personas habían marchado en Caracas, Valencia, Maracay, San Cristóbal y Maracaibo convocadas por María Corina Machado, que calificó la jornada como “el comienzo de lo que viene”.

Lo que me llama la atención es el contraste. Para el gobierno hay una oposición buena, la que se sienta en la mesa y se toma la foto en Miraflores, y otra “muy, muy pequeña”, la que sale a la calle a pedir una fecha. El problema es que la fecha sigue sin aparecer en la mesa: tres rondas de diálogo y ningún acuerdo sobre cuándo se vota.

Y hay otro detalle de la semana que merece lupa. El Comité de Postulaciones Judiciales, el que va a escoger a los nuevos magistrados del TSJ, juramentó a sus 12 miembros de la sociedad civil. Transparencia Venezuela señaló que dos de ellos tienen vínculos con el chavismo, según la cobertura de El Nacional y La Patilla. Si se suman los ocho diputados oficialistas del comité, son 10 de 23. No es mayoría, pero tampoco es poca cosa en el órgano que debe darle independencia al poder judicial.

Entonces les pregunto: si los que marchan son tan pocos, ¿por qué hay que quedarse con sus cornetas?