Pedir prestado para pagar lo que se debe y así poder pedir prestado otra vez. Dicho así suena a tarjeta de crédito familiar, pero es exactamente lo que Venezuela está evaluando hacer con Catar, y les explico por qué esto puede ser más importante de lo que parece.

Según un reportaje de Reuters publicado este jueves, basado en seis fuentes que pidieron no ser identificadas, el gobierno de Delcy Rodríguez estudia pedir un préstamo puente a Catar para saldar sus atrasos con el Banco Interamericano de Desarrollo. Venezuela le debe al BID más de 2.000 millones de dólares entre capital e intereses, y por eso el banco no le presta un dólar nuevo desde mayo de 2018. Reuters no informó el monto ni los plazos del préstamo catarí, y ni el gobierno venezolano, ni Catar, ni el BID, ni el Tesoro de Estados Unidos respondieron a la agencia.

La lógica, según una de las fuentes, sería esta: con el dinero de Catar se pagan los atrasos, el BID vuelve a abrir la puerta, y con el primer desembolso del banco se le devuelve el dinero a Catar. Es un mecanismo habitual para reincorporar a un país al sistema financiero internacional, y según el reporte contaría con el apoyo de Washington.

Lo que está en juego es bastante más que esos 2.000 millones. El presidente del BID, Ilan Goldfajn, busca aprobar un préstamo de 2.500 millones para Venezuela, aunque algunos miembros de la junta tienen reparos, como informó Reuters en septiembre. Y el Banco Mundial, como les conté la semana pasada, ofrece hasta 5.000 millones en dos años, pero los primeros 2.000 dependen de que el país salde lo que ya debe a otros multilaterales. O sea, la deuda con el BID es la llave de casi todo.

Aquí está lo que a mí me parece clave para ustedes. Algunas fuentes dijeron a Reuters que Estados Unidos sugirió que el BID ayude a recuperar el sector eléctrico. Y la luz es justamente la herida que no cierra: según Ecoanalítica y Conindustria, la industria venezolana perdió 44% de sus horas productivas en el segundo trimestre por fallas eléctricas. Delcy Rodríguez habló este mes de 12.000 millones de dólares en financiamiento público y privado para los próximos dos años, y la Asamblea Nacional evalúa abrir el sector eléctrico a la inversión extranjera.

Ahora, hay que poner esto en proporción. Venezuela anunció en mayo una reestructuración de deuda que podría superar los 200.000 millones de dólares, lleva casi una década sin pagarle a sus acreedores y vive una crisis de liquidez con ingresos petroleros más bajos que hace diez años. Pagarle al BID no resuelve eso. Lo que hace es abrir la primera puerta.

La pregunta que yo me hago, y que les dejo, es la de siempre con el dinero que llega a Venezuela: si por fin se destraban estos créditos, ¿quién va a vigilar que terminen en plantas eléctricas y no en el mismo agujero de siempre?