El secretario del Ejército de Estados Unidos, Dan Driscoll, presentó su dimisión al presidente Donald Trump tras meses de tensiones con el secretario de Guerra, Pete Hegseth, según confirmaron múltiples fuentes a CNN, ABC News y The Wall Street Journal. Trump aceptó la renuncia el lunes por la noche. Un funcionario del Ejército declaró que Driscoll “habló con el presidente sobre la situación actual del Ejército y presentó su dimisión”.

El momento no podría ser más delicado

La salida ocurre en el sexto mes de la guerra con Irán, un conflicto que, como documentamos esta semana, acaba de reactivarse militarmente tras un mes de pausa, con ataques estadounidenses en la isla de Larak y represalias iraníes contra bases en Jordania y Emiratos Árabes Unidos. Y deja un vacío institucional considerable: según The Wall Street Journal, el Ejército de Estados Unidos queda ahora sin líderes civiles ni militares confirmados por el Senado.

El motivo de fondo: la purga de generales

La razón detrás de la renuncia está documentada con bastante precisión por varios medios. Driscoll había estado en desacuerdo con la decisión de Hegseth de destituir a numerosos generales y altos mandos del Ejército, lo que según Fox News provocó “una fuga de cerebros en la institución”. Entre esos ceses estuvo el del general Randy George, exjefe del Estado Mayor del Ejército, destituido en abril sin explicación pública. Driscoll, que mantenía una relación de trabajo cercana con George, declaró en una audiencia del Congreso que desconocía los motivos de esa remoción.

Al presentar su dimisión, según CNN, Driscoll planteó preocupaciones específicas sobre la transformación y la preparación del ejército, y sobre el bloqueo de esos esfuerzos por parte de Hegseth.

La dimensión personal: Vance en el centro de la tensión

Un elemento que explica buena parte del conflicto es la relación de Driscoll con el vicepresidente J.D. Vance. Ambos fueron compañeros de clase en la Facultad de Derecho de Yale y mantienen una amistad estrecha. Según CNN, Hegseth interpretó esa relación de Driscoll con la Casa Blanca como un intento de eludirlo. Un funcionario estadounidense en activo describió a The Hill la dinámica con crudeza: la “paranoia” de Hegseth se ha intensificado en las últimas semanas, y agregó sobre el secretario de Guerra: “simplemente se siente muy incómodo con cualquiera que pueda estar opacándolo”.

Una crítica más amplia sobre las prioridades del Pentágono

La renuncia de Driscoll destapó además un malestar de fondo entre altos mandos militares. Según reportó CNN este miércoles, varias fuentes sostienen que Hegseth está perjudicando los esfuerzos del Ejército por adaptarse al campo de batalla moderno, al concentrarse en guerras culturales y priorizar su propia visión del “combatiente estadounidense”, apartando a los líderes que no se alinean con ella. Un funcionario de defensa en Europa lo resumió como una contradicción: Hegseth publicó memorandos sobre la importancia de la reforma tecnológica, pero en la práctica el Pentágono luce más centrado en cuestiones culturales que en modernización.

Lo que viene ahora

No está claro cuándo dejará Driscoll oficialmente el cargo. Normalmente el subsecretario del Ejército asumiría como secretario interino, aunque el vicesecretario interino Dave Fitzgerald también dejará su puesto. La portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly, ofreció una despedida elogiosa, destacando que Driscoll “ha sido sumamente eficaz a la hora de impulsar la agenda del presidente”, incluida su participación en las negociaciones entre Rusia y Ucrania.

Se especulaba que Driscoll permanecería en el cargo hasta las elecciones de mitad de mandato para después sumarse a la campaña de Vance, de quien es aliado cercano. Su salida anticipada, en plena escalada militar con Irán y a dos meses de esos comicios, deja abierta la pregunta de qué tan estable es la cúpula de defensa estadounidense en uno de los momentos de mayor exigencia operativa de los últimos años.