La ola de ventas en el mercado de deuda soberana, que lleva meses sin ceder, dejó esta semana sus cifras más extremas. La rentabilidad del bono del Tesoro estadounidense a 30 años alcanzó el jueves 5,50%, su máximo desde 2004, mientras que la del bono a 10 años llegó a 5,22%, un nivel no visto desde 2007, según reportó LA NACION. Es una actualización de las cifras que documentamos hace unos días: el bono a 10 años había tocado 5,04% el 15 de septiembre y 5,116% el jueves 24, y ya lo superó con margen.

Cómo cerró la semana

El viernes, con la caída del petróleo por las esperanzas de reapertura de Ormuz, los rendimientos moderaron: el de 10 años rondaba el 5,16% antes del cierre y el de 30 años, el 5,48%. Fue un respiro que duró poco. Este lunes, con el rechazo de Trump al plan iraní, la rentabilidad del bono estadounidense sube 0,5% hasta 5,215%, según Estrategias de Inversión.

El contagio a Europa

La presión no se limita a Washington. Este lunes el bono alemán a diez años rinde 3,6152%, el español 4,10% y el francés 4,707%, cifras que reflejan un movimiento sincronizado en la deuda de las principales economías desarrolladas. El euro, por su parte, cotiza en mínimos de dos meses frente al dólar, sin poder reconquistar los 1,14 dólares por euro.

La advertencia de los analistas

Renta 4 Banco lo resumió a mitad de la semana pasada con una frase que se vuelve más relevante cada día: “los vigilantes de los bonos acechan también a la renta variable”. La expresión, “vigilantes de los bonos”, se refiere históricamente a inversionistas que venden deuda de gobiernos cuya política fiscal o monetaria consideran insostenible, forzando un aumento de sus costos de financiamiento.

Por qué esto importa más allá de Wall Street

La rentabilidad del bono a 10 años es la referencia directa de las tasas hipotecarias, los préstamos para automóviles y el costo del crédito corporativo. Un rendimiento de 5,2% implica que todo el crédito de largo plazo en Estados Unidos se encarece, con efectos que suelen tardar semanas o meses en trasladarse al consumidor pero que, una vez ahí, son difíciles de revertir rápidamente.

La conexión con la Fed que documentamos hace dos semanas

Este movimiento ocurre pese a que la Fed ya subió las tasas por primera vez en tres años, y con proyecciones que apuntan a tasas de 4,1% para 2026 y 2027, con 16 de 18 miembros esperando que el año cierre con una tasa superior a la actual. Es decir, el mercado de deuda no solo descuenta esas alzas: exige una prima adicional por el riesgo que percibe sobre la inflación, alimentada en buena medida por el petróleo que documentamos en la nota anterior de hoy.

El dato que puede mover la aguja esta semana

El PCE de agosto, el indicador de inflación preferido de la Fed, y el reporte oficial de empleo de septiembre, ambos programados para esta semana según nuestro calendario, serán las dos lecturas más importantes para determinar si los rendimientos siguen escalando, o si encuentran finalmente un techo después de semanas de ascenso continuo.

Lo que viene

Con Ormuz sin fecha de reapertura, el petróleo por encima de los 107 dólares, y los bonos en máximos de décadas, el mercado enfrenta una combinación de presiones que se refuerzan mutuamente: petróleo caro alimenta expectativas de inflación, que empujan los rendimientos al alza, que a su vez encarecen el crédito y pesan sobre las acciones. Seguiremos de cerca si alguno de esos tres eslabones logra romperse en los próximos días.