El petróleo tuvo hoy su peor día en meses. El Brent, la referencia internacional, cerró en 104,77 dólares por barril, 8,66 dólares menos que el viernes, una caída de 7,63%. El WTI de Texas bajó 7,36% y terminó en 96,46 dólares, por debajo de la barrera de los 100, según el cierre que recoge Infobae. Hoy además cambió el contrato de referencia, y si uno compara con el de diciembre, que cerró octubre en 117,64 dólares, la caída ronda el 11%. La semana pasada, recuerden, el mercado subía con el miedo a que la guerra con Irán se reactivara justo después de las midterms.
¿Qué cambió en tres días? Las señales de diplomacia. Irán mandó una delegación a Doha, donde Catar está pasando mensajes entre las partes, y dijo que si Washington acepta sus condiciones —un alto el fuego en todos los frentes de la región, Líbano incluido, y alivio de las sanciones a su petróleo— podría empezar a reabrir el estrecho de Ormuz en dos días y no en siete. Marco Rubio dijo el fin de semana que Trump no ha decidido una acción militar y que prefiere una salida pacífica, y Axios reportó que el presidente quiere darle más tiempo a la mediación en vez de atacar apenas pase la votación del martes, según el resumen de TradingKey.
Ahora, lo que a nosotros nos toca. Venezuela produjo en septiembre alrededor de 1,15 millones de barriles diarios según las fuentes secundarias de la OPEP, como les conté aquí; Pdvsa asegura que ya va por 1,25 millones, una cifra propia que todavía nadie ha contrastado. Con 1,15 millones de barriles, cada dólar que pierde el barril son unos 1,15 millones de dólares menos al día en valor bruto. La caída de hoy, si se sostuviera, equivale a cerca de 10 millones de dólares diarios, unos 300 millones al mes. Es una cuenta ilustrativa: el Merey se vende con descuento frente al Brent, no todo se exporta, una parte del valor es de los socios privados y las empresas mixtas, y no todo llega al Estado. Pero la dirección es la que importa.
Y a mí lo que me llama la atención es esto: durante ocho meses de guerra, el precio le regaló a Venezuela un colchón que la producción no supo aprovechar. El Merey pasó de 67 dólares en julio a casi 94 en septiembre y los barriles siguieron prácticamente iguales. Un país que depende de que otros se bombardeen para cuadrar sus cuentas no tiene una economía, tiene una apuesta. Si la paz llega a Ormuz, y ojalá llegue, el barril va a volver a buscar su nivel, y lo único que protegería el ingreso venezolano sería producir más, que es justo lo que no ha pasado.
Para el venezolano de afuera hay una noticia menos amarga. Según AAA, citada por Spectrum News, el galón de gasolina en EE.UU. promedia 4,17 dólares, 12 centavos menos que hace una semana, aunque todavía muy lejos de los 3,04 de hace un año. El diésel está en 6,29. Si usted trabaja en delivery o maneja un camión en Florida o Texas, ese alivio se nota en el bolsillo, y con él lo que queda para la remesa.
Eso sí, nadie en el mercado está cantando victoria. Patrick De Haan, de GasBuddy, advirtió que la volatilidad “podría regresar rápidamente después de las elecciones”, y Goldman Sachs subió su pronóstico del Brent para diciembre de 90 a 105 dólares, con un escenario de 130 para el año próximo si la producción del Golfo sigue golpeada. El mismo día, la Guardia Revolucionaria informó que otros dos tanqueros chocaron con minas en Ormuz, según BioBioChile. O sea, la paz todavía está en borrador.
Me quedo con una pregunta que vale para Miraflores y para Washington, que ahora tiene un acuerdo petrolero con Caracas: si el barril vuelve a 80 dólares el año que viene, ¿qué va a tener Venezuela para mostrar de estos meses de precios altos, aparte de un salario mínimo que sigue en 130 bolívares?
