El peso mexicano se apreció el viernes hasta niveles que no se veían desde mayo de 2024, tras la divulgación del reporte de empleo estadounidense que superó ampliamente las expectativas del mercado. En operaciones al mayoreo, el tipo de cambio concluyó en 16,8912 pesos por dólar, un avance de 3 centavos (0,21%) para la moneda mexicana respecto al día anterior, y de 14 centavos (0,82%) en el acumulado semanal, según reportó La Jornada.

Una reacción que parece contraintuitiva

A primera vista, el movimiento resulta extraño: si el dólar se fortaleció globalmente tras el dato de empleo, como documentamos ayer, ¿por qué el peso mexicano se apreció frente a esa misma moneda? La respuesta está en el diferencial de tasas.

Cuando el mercado anticipa que la Reserva Federal subirá las tasas de interés, los flujos de capital hacia mercados emergentes suelen ajustarse, pero México mantiene una tasa de referencia considerablemente más alta que la estadounidense. Ese diferencial sigue haciendo atractivo el llamado carry trade: pedir prestado en dólares a tasas bajas para invertir en pesos a tasas más altas, capturando la diferencia.

El mecanismo detrás del dato

La cadena causal que explica el movimiento es la que venimos documentando toda la semana. Estados Unidos creó 162,000 empleos en agosto, muy por encima de los 55,000 esperados. Aunque un informe de empleo mejor de lo previsto suele considerarse una buena noticia económica, los mercados lo interpretan como una señal de que el banco central estadounidense aplicará un alza de tasas al término de su reunión del 15 y 16 de septiembre, precisamente para evitar que las presiones sobre los precios de la energía, relacionadas con la guerra en Irán, deriven en una inflación generalizada.

El contraste con el resto de la región

Es importante señalar un matiz. Mientras el peso mexicano se apreciaba, el fortalecimiento general del dólar tras el dato puso bajo presión al conjunto de las monedas latinoamericanas y a las operaciones de carry trade regionales, según documentamos ayer citando a analistas de mercado. Es decir, México se comportó como excepción dentro de un movimiento regional que fue mayoritariamente adverso.

Lo que puede cambiar la próxima semana

Esta apreciación queda sujeta a dos eventos que definirán el rumbo de las próximas semanas: el dato de inflación de agosto que se publica el 11 de septiembre, y la decisión de la Reserva Federal del 15 y 16. El mercado ubica actualmente en 60,4% la probabilidad de que la Fed suba las tasas al rango de 3,75%-4%.

Si esa alza se concreta y resulta más agresiva de lo anticipado, el diferencial de tasas que hoy favorece al peso se estrecharía, y la presión sobre las monedas emergentes podría intensificarse. Si la inflación sorprende a la baja y la Fed opta por mantener, el escenario actual tendría margen para sostenerse.

Para quien envía o recibe remesas entre ambos países, este tipo de movimientos tiene un efecto directo y medible: un peso más fuerte significa que cada dólar enviado se convierte en menos pesos al llegar a México, tal como venimos siguiendo en nuestro calendario económico semanal.