[[REEMPLAZAR-IMAGEN: diseño propio — fuente original: voluntario participando en labores de búsqueda entre escombros tras los terremotos en La Guaira, crédito Leonardo Fernández Viloria/Reuters]]

El gobierno de Venezuela elevó este domingo a 5,208 la cifra oficial de muertos por el doble terremoto que sacudió el norte del país el 24 de junio, según el balance difundido por el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez —89 fallecidos más que el reporte del día anterior, en un conteo que sigue aumentando de forma sostenida casi un mes después de la tragedia. Los dos sismos, de magnitud 7.2 y 7.5, ocurrieron con apenas 39 segundos de diferencia, con epicentros cerca de San Felipe (Yaracuy) y Yumare (Carabobo), y se convirtieron en el terremoto más letal que ha vivido Venezuela en el último siglo, muy por encima del sismo de 1967 cerca de Caracas que dejó 245 muertos.

La cifra oficial, sin embargo, podría estar muy por debajo de la realidad. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) proyectó, con un modelo estadístico que le asigna 42% de probabilidad, que el total real de víctimas fatales podría situarse entre 10,000 y 100,000 personas. La ONU, por su parte, estima que hasta 68,000 personas podrían seguir desaparecidas, y calcula en más de 6.7 millones el número de afectados directos por el desastre. Las localidades costeras del estado La Guaira —Caraballeda, Catia La Mar, Macuto y Naiguatá— concentraron el peor daño, con más de 346 edificios colapsados y cerca de 63,000 edificaciones dañadas en todo el país.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo estimó, mediante análisis satelital realizado en las primeras 72 horas, daños físicos directos por 6,700 millones de dólares —cerca del 6% del PIB venezolano—, aclarando que esa cifra cubre únicamente pérdidas en viviendas y activos económicos, y que el costo total de la reconstrucción podría multiplicarse entre 1.5 y 3 veces al sumar la disrupción económica acumulada. El gobierno estima que se necesitarán unas 25,000 viviendas nuevas, y ya inició un censo biométrico para determinar la cifra exacta; el Parlamento venezolano aprobó además una reforma legal para acelerar los procesos de construcción en el país. La presidenta encargada Delcy Rodríguez envió, en paralelo, una carta al rey británico Carlos III solicitando la liberación del oro venezolano depositado en el Banco de Inglaterra para financiar parte de la reconstrucción.

Por qué esto importa para la diáspora venezolana en Estados Unidos: Estados Unidos ya comprometió más de 386 millones de dólares en asistencia humanitaria y de emergencia, y la ayuda internacional sigue llegando —incluidas 42 toneladas desde Madrid la semana pasada—, pero la escala del desastre, con más de 30,000 efectivos, casi 32,000 voluntarios y 2,278 rescatistas internacionales desplegados, refleja una crisis humanitaria que va a tomar años, no meses, en resolverse. Para las familias venezolanas en el exterior, la pregunta práctica inmediata ya no es solo cómo enviar ayuda a un pariente, sino cómo procesar que la cifra de pérdidas humanas —oficial o real— probablemente siga subiendo durante semanas, mientras persisten los más de 1,388 réplicas registradas desde el sismo original y la incertidumbre sobre cuántos de los desaparecidos siguen realmente entre los escombros.