Esta semana, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos va a hacer dos cosas.

La primera: comprar bonos que él mismo emitió, para reducir la oferta en circulación y ver si así bajan los rendimientos, que están incómodamente altos.

La segunda: emitir bonos nuevos a 30 años, para financiarse.

En la misma semana. Con el mismo dinero, más o menos.

Es como achicar un bote mientras se abre otro agujero

La lógica de la recompra es impecable: si hay menos bonos dando vueltas, el precio sube y el rendimiento baja. Menos rendimiento significa que el gobierno paga menos intereses y que las hipotecas se abaratan un poco.

La lógica de la subasta también es impecable: el gobierno necesita plata y la consigue vendiendo deuda.

El problema es que las dos lógicas impecables van en direcciones exactamente opuestas.

El bono a 10 años, mientras tanto, en 4,78%

Para dimensionar por qué el Tesoro está haciendo esto: el rendimiento del bono a 10 años cerró el viernes en 4,78%. En enero estaba en 4,20%. Ese medio punto de diferencia se traduce, para una familia, en cientos de dólares más al mes en una hipoteca.

Y el detonante inmediato fue una buena noticia. Estados Unidos creó 162,000 empleos en agosto, el triple de lo esperado, según documentamos ayer. Los mercados leyeron ese dato excelente y respondieron subiendo los rendimientos y tirando las acciones hacia abajo.

Buena noticia, mala reacción. Así funciona esto.

El detalle que ya nadie menciona

Esta no es la primera vez. En agosto, el Tesoro ya había duplicado el tamaño de su programa de recompras, llevándolo a 4,000 millones de dólares por sesión.

El economista Joseph Brusuelas señaló entonces algo incómodo: esas intervenciones van en dirección contraria a lo que intenta hacer la Reserva Federal. “Estamos ante un conjunto único de condiciones, donde las acciones del Tesoro han socavado el movimiento de Warsh”, dijo.

Traducido: una parte del gobierno intenta enfriar la economía subiendo tasas, y otra parte del gobierno interviene para que las tasas largas no suban tanto.

Lo que viene

El 11 de septiembre sale el dato de inflación de agosto. El 15 y 16, la Fed decide si sube las tasas, con una probabilidad que el mercado ubica en 60,4%.

Si la inflación sale alta, ninguna recompra va a alcanzar para contener los rendimientos. Si sale baja, quizás la operación tenga algo de efecto.

Mientras tanto, el Tesoro seguirá comprando y vendiendo su propia deuda en la misma semana, esperando que el resultado neto sea favorable.

Es una estrategia. No necesariamente una buena, pero es una.