Washington vivió este martes un funeral de Estado cargado de simbolismo político. El senador republicano Lindsey Graham, fallecido hace pocas semanas, recibió honores en la Catedral Nacional de Washington. Entre los asistentes destacaron el presidente Donald Trump, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy y una amplia representación del Partido Republicano y del establishment conservador.
Graham, de 70 años, fue uno de los senadores más influyentes de las últimas dos décadas. Firme defensor de una política exterior intervencionista, apoyó la guerra de Irak, sanciones duras contra Rusia, ayuda militar a Ucrania e Israel, y una línea dura contra Irán y China. Su muerte cierra un capítulo de la era post 11-S en el Partido Republicano.
El discurso de Trump: un homenaje con mensaje político
Trump pronunció uno de los discursos centrales de la ceremonia. Con su estilo directo, recordó a Graham como “un guerrero, un patriota y un amigo leal”.
“Lindsey nunca tuvo miedo de pelear por lo que creía correcto. Quería una América fuerte, quería derrotar a nuestros enemigos y quería que nuestros aliados supieran que Estados Unidos siempre estaría ahí”, dijo Trump.
El presidente aprovechó el momento para enviar mensajes claros sobre política exterior. Habló de “paz a través de la fuerza”, defendió el apoyo a Israel en su conflicto con Irán y reiteró que Ucrania necesita una solución negociada que no humille a Estados Unidos.
Trump también tuvo palabras emotivas sobre la amistad personal: “A veces discutíamos, pero siempre terminábamos del mismo lado: del lado de América”.
El tono fue más conciliador de lo habitual, reconociendo el rol bipartidista que Graham jugaba en temas de seguridad nacional, aunque dejó claro que su propia visión (América Primero) es la que ahora guía la política exterior estadounidense.
¿Qué representa la muerte de Graham?
Lindsey Graham fue uno de los últimos grandes “halcones” republicanos de la vieja escuela. Su partida simboliza el cambio generacional y ideológico dentro del partido: del intervencionismo neoconservador hacia un enfoque más transaccional y centrado en intereses nacionales directos.
Su ausencia deja un vacío en el Senado para quienes defienden ayuda militar sostenida a Ucrania e Israel sin condiciones. Al mismo tiempo, refuerza la influencia de la ala trumpista, más escéptica con gastos exteriores ilimitados.
Netanyahu y Zelenskyy asistiendo juntos al funeral refuerza la imagen de Graham como puente entre dos causas que hoy enfrentan desafíos: Israel en su conflicto regional e Ucrania en su guerra de desgaste contra Rusia.
Legado dividido
Para sus defensores, Graham fue un hombre de principios que entendió las amenazas globales. Para sus críticos, representó las intervenciones costosas y fallidas del siglo XXI. Su funeral, sin embargo, mostró unidad republicana en el duelo, aunque las diferencias estratégicas siguen latentes.
Con su muerte, Estados Unidos pierde a uno de sus más vocales defensores de una política exterior activa. El vacío que deja será ocupado por voces más alineadas con el aislacionismo selectivo de Trump.
El presidente, al rendirle tributo, no solo despidió a un amigo y aliado: también marcó el fin de una era y el comienzo de otra en la política exterior estadounidense.
