Durante años, la palabra diáspora se usó en Venezuela casi como sinónimo de pérdida: los que se fueron, las sillas vacías en la mesa, los abuelos que crían nietos por videollamada. Un documental estrenado esta semana propone otra lectura, y la sostiene con historias concretas: los que se fueron también fueron los primeros en volver a ayudar.

Se llama La ruta Venezuela, dura 57 minutos y lo hizo la periodista Alejandra Oraa, expresentadora de CNN en Español, nacida en La Guaira, la región más golpeada por los terremotos del 24 de junio. Su tesis cabe en una línea que ella misma repite: “la diáspora es parte de la reconstrucción”.

La tragedia que lo originó

Conviene recordar la dimensión de lo que pasó. Los sismos de magnitud 7,2 y 7,5 de ese 24 de junio dejaron al menos 6.509 muertos y unas 18.000 personas sin hogar, según el reporte oficial del gobierno del 24 de agosto. En su momento ya advertimos que la cifra oficial podía quedarse corta, por el colapso de las morgues en los primeros días.

Frente a un Estado que llegó tarde a muchas zonas, la ayuda tuvo que buscar otras rutas. Ya habíamos contado que fue una empresa, no un gobierno, la que mandaba siete vuelos semanales de ayuda. El documental muestra la otra pieza de ese rompecabezas: la gente.

De un centro de acopio en Miami a La Guaira

Oraa no lo cuenta desde afuera. Empezó como voluntaria en un centro de acopio en Miami, donde vive, y después viajó a Venezuela a entregar personalmente la misma ayuda que había ayudado a empacar. El documental se filmó en el país, con un equipo local, y se terminó en menos de un mes.

En Estados Unidos, la respuesta fue tal que se convirtió en la mayor movilización humanitaria en la historia de Global Empowerment Mission, una organización de Florida que ha trabajado en emergencias de 76 países. Que un grupo con esa trayectoria diga que nunca había visto algo así dice mucho de cómo reaccionaron los venezolanos de afuera.

Las historias que lo sostienen

El documental se apoya en rostros, no en estadísticas. Está Fabiana Blanco, la niña de 12 años cuya sonrisa durante el rescate le dio la vuelta a las redes. Está Carlos García, el rescatista que la encontró y tomó esa fotografía.

Y está Belkys Barreto, que sobrevivió cinco días bajo los escombros hasta que la rescató un equipo de El Salvador. Su historia tiene un detalle que muchos venezolanos afuera van a reconocer de inmediato: sus dos hijos están en Estados Unidos, en medio de un proceso migratorio, y no pudieron viajar a verla. Ni una tragedia de ese tamaño alcanzó para cruzar esa frontera.

Esa escena resume una contradicción que pocas veces se cuenta: la diáspora que manda cajas, dinero y voluntarios es, muchas veces, la misma que no puede volver porque su estatus migratorio no se lo permite. Ayuda sin poder abrazar.

Por qué este documental importa más allá del terremoto

Lo valioso de La ruta Venezuela no es solo que recuerde la tragedia. Es que cambia la conversación sobre quiénes somos los que nos fuimos. Casi 8 millones de venezolanos viven fuera del país, según las estimaciones de ACNUR, en la mayor emigración de un país sin guerra. Durante mucho tiempo se nos contó como una cifra de pérdida. Este trabajo nos cuenta como una fuerza.

Y esa idea tiene consecuencias políticas. Si la diáspora es parte de la reconstrucción, también debería ser parte de las decisiones. Este mismo sábado, venezolanos en al menos 17 países salieron a la calle para exigir una fecha para las presidenciales y garantías para votar desde el exterior. No es casualidad que las dos noticias coincidan: quien ayuda a levantar un país quiere también voz para decidir su rumbo.

Dónde verlo

La ruta Venezuela está disponible en YouTube y se transmite por Telemundo, History Channel en Español, NTN24 y RCN Internacional. Oraa también anunció que se emitirá en señal abierta en Venezuela.

Si tienes familia en La Guaira, o si fuiste uno de los miles que llevaron una caja a un centro de acopio en junio, vale la pena verlo. No para revivir el dolor, sino para ver en pantalla algo que pocas veces se muestra: lo que somos capaces de hacer juntos, aunque estemos lejos.