Los apagones afectaron simultáneamente hasta el 68% de Cuba este sábado en el horario de mayor consumo energético —la tarde-noche—, según datos de la estatal Unión Eléctrica (UNE) recopilados por EFE. El déficit —la diferencia entre la oferta y la demanda de electricidad— alcanzó los 2,210 megavatios, mientras que la afectación estimada real, calculada para evitar apagones desordenados, llegó a los 2,240 megavatios.
Casi la mitad de la capacidad termoeléctrica, fuera de servicio
El propio informe diario de la UNE detalla que siete de las 16 unidades de generación termoeléctrica del país no estaban operativas este fin de semana, ya sea por averías o por trabajos de mantenimiento pendientes. Estas plantas, responsables de aproximadamente 40% de la generación eléctrica nacional y que funcionan con crudo cubano, arrastran problemas estructurales que se explican principalmente por su antigüedad —décadas de explotación— y un déficit crónico de inversión en mantenimiento.
El resto de la matriz energética, igual de comprometida
Otro 40% de la matriz energética cubana depende de la llamada generación distribuida —motores de diésel y fueloil—, que permanece prácticamente paralizada a causa del bloqueo petrolero impuesto por Washington desde enero. Esa misma fuente de energía, sin embargo, ya arrastraba problemas desde antes de 2026, por la falta crónica de divisas del gobierno cubano para importar combustible. El 20% restante del mix energético proviene de gas natural y fuentes renovables, principalmente solar, un segmento que ha recibido cierto respaldo adicional en los últimos meses.
Una crisis que ya acumula 12 colapsos generales en dos años
Cuba ha sufrido 12 apagones generales del sistema eléctrico nacional en apenas 24 meses, siete de ellos solo en lo que va de 2026 —una cifra que documentamos en detalle hace unos días al cubrir el séptimo colapso total del año—. El propio gobierno cubano reconoce que la situación del Sistema Electroenergético Nacional es “aguda”, “crítica” y “extremadamente tensa”, atribuyendo la crisis tanto al cerco petrolero y las sanciones estadounidenses como, de forma menos explícita, a un sistema energético profundamente obsoleto que arrastra decisiones postergadas durante años.
Por qué esto importa para la diáspora cubana en Estados Unidos: que casi la mitad de la capacidad termoeléctrica del país esté fuera de servicio en un mismo fin de semana, mientras simultáneamente casi el 70% de la isla queda sin electricidad en el horario de mayor necesidad, confirma que la crisis energética cubana no es un fenómeno intermitente que aparece y desaparece, sino una condición estructural que se ha vuelto la norma más que la excepción. Para la diáspora cubana que sigue de cerca cada reporte técnico de la UNE con la esperanza de que la situación de sus familiares mejore, estas cifras —siete de 16 unidades averiadas, 12 colapsos en dos años— confirman que la reconstrucción real del sistema eléctrico cubano sigue estando muy lejos de materializarse.
